Sobre la subsistencia de los escritores. Nicolás Melini.
Las palabras que voy a pronunciar aquí, sobre la subsistencia de los escritores, no sé si serán certeras o no. Sigo el hilo de una argumentación de la que descreo tanto como de la realidad que parece haberse impuesto respecto de este tema. Hablo desde el escepticismo absoluto, sólo por cuestionar, y, si así lo quieren, desde un cierto cinismo que a veces me parece sano. Así que, si el hilo argumental les cabrea, sigan leyendo, a bien seguro será más sabroso. En cualquier caso quedan advertidos de la naturaleza de mi cátedra, que en algún momento expresaré con la convicción de un creyente, aunque mi fervor no sea más que la máxima expresión de una duda, espero que razonable.
El de escritor es uno de los oficios que está planteado en términos de mayor liberalismo económico. Se supone que el escritor debe vivir de las ventas de sus libros. Lo cierto es que tan sólo un ridículo número de escritores vive de las ventas de sus libros, y que la inmensa mayoría se ve abocado a tomar un trabajo y realizar las labores de su oficio (leer y escribir) en horas robadas a su tiempo de descanso.
Con suerte, con el tiempo, algunos consiguen “vivir de la literatura”, es decir, de pequeñas ofertas de trabajo alrededor de la publicación de sus libros: artículos en prensa, conferencias, talleres literarios, algún recital o lectura remunerados, etc.
He conocido a estupendos escritores que han tomado empleos como el de operador de telefonía o cuidador de ancianos en la necesidad de conseguir algún dinero para su subsistencia. Los escritores se ven obligados a desempeñarse en los trabajos más variados; son profesores, periodistas, programadores culturales, trabajan en el mundo editorial; pero también hay casos de porteros de finca, celadores de hospital, guías turísticos, y, además de el largo etcétera que debería seguir, gentes que más o menos subsisten como pueden para poder disponer del tiempo suficiente y escribir.
En la otra mano, el escritor o escritora tiene la opción de ingresar en el mundo de las publicaciones periódicas, “trabajar escribiendo” para (en los ratos libres) escribir sus libros. Y esto parecería el paradigma de la independencia y el éxito social y profesional. Escribir en la prensa, salir en la televisión… Todo ello alza considerablemente las posibilidades de vender algún que otro libro más, y, en cualquier caso, por esta vía el escritor o escritora obtiene una gran consideración, en calidad de escritor (aunque lo que esté haciendo sea otra cosa). Sin embargo, con toda probabilidad deberá manifestarse en defensa de las ideas de un partido político y en contra de las de otro. Y si bien muchos escritores aceptan esto (escribir y manifestarse al servicio de) como un mal menor, lo cierto es que, incluso cuando defiendan a un partido con cuyas ideas estén absolutamente de acuerdo, y se opongan a las de otro cuyas ideas no compartan en absoluto, no dejan de convertirse en una suerte de mercenarios (de columna en columna y de plató en plató), además de postergar a un segundo término su trabajo como verdaderos artistas.
Entrar en el juego político está muy bien pagado (en sueldos contantes y sonantes y, también, con distinciones “literarias”: no hay más que ver quiénes obtienen qué premios, y con qué libros), pero es muy probable que a muchos escritores ni se les pase por la cabeza, sea porque no quieran o porque no sean capaces o porque se trate de un mundo vedado para el tipo de escritores que son.
La otra opción posible, que en esta sociedad (y en otras anteriores) han asumido algunos escritores, es la de encerrarse con su trabajo caiga quien caiga, aun corriendo el riesgo de incurrir en la exclusión social. En ese caso, el escritor o escritora difícilmente podrá tener familia, y, si la tiene, tanto lo pagará él o ella como su pareja y sus hijos, que tendrán que aceptar la situación de dependencia del escritor o escritora respecto del “cabeza” de familia.
Se trata, sin duda, de un problema social, aunque acaso muchos escritores no se vean o no quieran verse a sí mismos como afectados. Muy al contrario, asumen las dificultades y tiran adelante como pueden. En algunos casos, sin manifestar su descontento, o con un profundo sentimiento de culpa por no ser capaces de vivir de lo que escriben (achacándoselo muchas veces a su propia impericia a la hora de hacer aquellas cosas que sí están bien recompensadas económicamente, o a su falta de talento para escribir una obra que se abra paso en el mundo entero, que se difunda masivamente, alcanzando a lectores de todas partes); si no confundidos, sin saber muy bien a quién o qué achacar su situación.
Los aspectos épicos de las vidas cotidianas de los autores los dignifican tanto ante nuestros ojos… Y no deja de ser sintomático. En una sociedad realmente moderna, en la que aspiramos a que todas las personas tengan una vida lo más digna posible, tal vez debiera avergonzarnos que sean precisamente los escritores quienes pasen penurias y dificultades. Y acaso sea indigno de toda la sociedad que esté tan bien considerado que un escritor tenga que sacrificar aspectos fundamentales de su vida para escribir su obra. Me pregunto hasta qué punto esa emoción épica que extasía a la sociedad cuando conoce las miserias que un escritor hubo de soportar para sacar adelante su trabajo, no deberían de suponer una vergüenza para esa misma sociedad, pues no es más que una muestra tan sangrante de su fracaso.
Resulta desconcertante observar cómo las personas se afanan en consumir todo tipo de productos lujosos, de necesidad más o menos cuestionable según qué casos, y cómo la sociedad premia con su más alta consideración esa “capacidad de consumir”, mientras que los escritores quedan relegados a una posición tan lejos del supuesto glamur del consumo. Habremos de suponer que se trata de una cuestión de valores. Consumir “cosas” de utilidad tan limitada en el tiempo ha pasado al primer plano de la vida social, mientras que los generadores de una belleza indeleble, ahora, se nos antojan seres improductivos.
Y desde luego no resulta sencillo comprender cómo es posible que los escritores estén contentos (y si no lo están, al menos no lo manifiestan) con el lugar que les asigna la sociedad en sus presupuestos, teniendo que pasar por todo lo expuesto para sacar adelante la escritura de sus libros, y recibiendo como único pago (no la concesión) la posibilidad de concesión de algún premio, cuando no la posibilidad de que algún día se les reconozca por ello, con suerte antes de fallecer.
Porque lo cierto es que, en el momento que cualquier persona se dice escritor o escritora y aparece ante la sociedad con un libro, la sociedad empieza a exigirle: imaginación, lucidez, inventiva, un pensamiento que la estimule, el necesario cuestionamiento de lo establecido, emociones, belleza, una actitud irreprochable ante multitud de aspectos de la vida; el desarrollo de una gran capacidad intelectual; que el escritor sepa, que conozca; que lo exprese; que su condición de escritor se vea claramente refrendada con la aparición de trabajos que demuestren que lo es, etc.
(Eso sin tener en cuenta que, normalmente, lo tendrá que hacer en su tiempo libre)
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Resulta paradigmático: los escritores más desprotegidos son aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo por escribir.
Hace unos años escuché a la viuda de Manuel Padorno decir a mi lado, como en un suspiro que se deja caer al suelo, ni siquiera dirigido a mí: “Todo eso lo hicimos con tanto esfuerzo…”
Por “todo eso” se refería a la obra de Manuel Padorno. Nunca me pareció más acertada, rabiosamente justa, la utilización del plural.
Resulta imposible no constatar, llegado este punto, que el ujier de cualquier empresa participada por capital público; el ejecutivo, el maquillador o la presentadora de una televisión autonómica; el ganadero y el agricultor; muchas empresas de medios de comunicación; tantas editoriales, productoras, constructoras, empresas que realizan obras públicas; quienes trabajan en la mayoría de las ONGs; quienes se plantean ahora dedicarse a fabricar energía con molinos de viento, reciben dinero público para desarrollar su trabajo, muchas veces sin plantearse si quiera si su sueldo proviene del erario público, de una empresa privada, o de una empresa privada que además recibe dinero público; y sin embargo todos cuestionamos en mayor o menor medida que quienes escriben obras literarias deban recibir el mismo trato.
Habría que buscar la verdadera razón, en cada caso, de que el ejecutivo de televisión más o menos pública, el profesor (de pública o concertada), el ganadero, el agricultor, el músico, el cineasta, etc., sí sean considerados a la hora de una aportación pública en la que les puede ir la vida; mientras que el escritor, no. Acaso algunos piensen que con la financiación por parte de diputaciones, ayuntamientos y cabildos y gobiernos autonómicos de numerosos premios literarios, queda resuelta la subsistencia de los escritores, o quizás esta aportación es tan publicitada –por interés más de los políticos que de los propios escritores—, que pareciera que ya está todo hecho, que las instituciones han cumplido, que han hecho lo suficiente.
Tal vez la sociedad considera indispensable la existencia de una televisión pública autonómica, por ejemplo, y no considera indispensable la creación literaria. O acaso considera que la financiación pública es “indispensable” para la existencia de una televisión autonómica, y la cree “innecesaria” para la aparición y existencia de buenas obras literarias. La subsistencia del ejecutivo de televisión es objeto de financiación pública, ¿acaso porque su participación se ha hecho indispensable para la existencia de una televisión pública?; la subsistencia de los escritores no nos resulta indispensable en absoluto –ni siquiera le resulta indispensable a los que necesitan libros para poder comerciar con ellos, toda una industria.
También es verdad que son muchos los que piensan que escribir, mire desde donde se mire, no es trabajar. El escritor, dramaturgo y guionista norteamericano David Mamet comenta que durante un tiempo hubo de escribir en cafeterías, porque si se quedaba en casa siempre había alguien dispuesto a pedirle “que arreglase la alcachofa de la ducha”. Y eso que, en su caso, la escritura si ha rendido algunos beneficios económicos.
Acaso son muchos los que consideran que “siempre habrá” algún que otro escritor que, a lo largo de toda una vida de desvelos, consiga un hueco en su cotidianidad para regalarnos (nunca mejor dicho lo de regalar) una de esas fuentes de belleza y conocimiento indispensables para que comprendamos nuestro tiempo y a nosotros mismos. Y además, “¡si siempre ha sido así, los escritores nunca lo han tenido fácil y a pesar de todo ahí están todos esos clásicos maravillosos!”.
Colijo, pues, que tal vez la situación “laboral” de los escritores en la actualidad se deba a que siguen ostentando los mismos (paupérrimos) derechos que antaño, y acaso se hayan quedado ahí mientras que la sociedad en su conjunto ha avanzado y muchos de sus componentes han adquirido, desde el primer momento de su existencia, unos derechos que los escritores nunca tuvieron.
Siempre habrá alguien dispuesto a espetarle a un escritor, “¡menos lloriquear y más trabajar!”, y podemos suponer que lo de trabajar va en dos sentidos: el escritor es un gandul por querer dedicarse a escribir en vez de trabajar, que es lo que hace todo el mundo; y el escritor es un inepto, un fracasado, si protesta en vez de ponerse a escribir para ofrecernos una de esas obras fulgurantes que, con el tiempo, dignifican la existencia de los pueblos. Pero tampoco debe de ser sólo esto. Del libro viven los impresores, los editores, los distribuidores, los libreros, los diseñadores… Los autores, no. Tal vez debiéramos plantearnos de una vez la pregunta impertinente: Por qué. Y si sabemos que los autores no consiguen vivir de las ventas de sus libros, y nos importa que éstos puedan encerrarse a escribir y leer, escribir y leer, escribir y leer, que es su trabajo, por qué no tomamos las medidas necesarias para que lo puedan hacer. ¿Es imposible? ¿O se trata de una clamorosa falta de voluntad social y política, sazonada con la clásica indefensión del escritor individuo que bracea por el encrespado mar de su vida, en solitario, y a mucha honra?
Cada vez se hace más necesario el análisis de las verdaderas razones de que el dinero público vaya donde va. Normalmente se combinan el interés de la sociedad, o de una parte de esta, con los intereses de los políticos. Pero urge un análisis exhaustivo de cómo el factor “lo que le interesa financiar al político” influye en que el reparto sea menos interesante para el conjunto de la sociedad.
Es muy fácil de defender desde la política, ante la ciudadanía, que el dinero de esta se invierta en una televisión pública autonómica (como se diría en los anuncios) “nuestra”, “la de todos nosotros”. Todo esto soslayando que al político le interesa invertir el dinero de todos los ciudadanos en un medio de comunicación a través del cual –aparte de que se activen ciertos aspectos de la economía—, podrá contarle las cosas tal como a él le interesa.
Qué hace falta para poner en marcha una televisión: maquilladores, realizadores, infraestructuras, maquinaria, ejecutivos… Cuánto cuesta un ejecutivo, cuánto la maquinaria, cuánto es en total: al contribuyente le interesa, aquí está el dinero, el contribuyente lo pone.
Cuánto hace falta para que Roberto Bolaño, Karmelo C. Iribarren, Isaac de Vega, escriban sus libros. ¿Tiempo? ¿Que se puedan poner a ello? ¿Dinero para que se puedan poner a ello? Eso cuánto es, ¡tan poco! No hay.
Además, si son escritores de verdad lo harán de todos modos. ¿Que podrían hacer más?, no importa, nos conformamos con lo que nos den. De todos modos, es su problema, serán juzgados por lo que sean capaces de escribir (no nos van a venir con el cuento de que no pudieron hacer más porque tenían que dedicarse a otras cosas para su manutención y la de su familia, que no son más cultos o que no pudieron escribir obras más brillantes porque no tuvieron tiempo para leer y escribir). Y en cualquier caso, ¿por qué no escriben cosas que se vendan? Si lo que escriben no le interesa a la (suficiente) gente como para que puedan vivir de las ventas de sus libros, qué quieren. ¡Más trabajo y menos lloriqueo!
He oído comentar muchas veces que el escritor debe ser libre, independiente, dando por sentado que si recibiese una aportación pública para realizar su trabajo dejaría de serlo. ¿Hablamos de libertad, de independencia, o estamos confundiendo estas con liberalismo económico, con explotación, con indefensión e intemperie a la hora de realizar lo que “es” el trabajo de los escritores?
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El ochenta o noventa por ciento de los actos públicos en los que participan los escritores son gratis, no sólo para el público, también para las instituciones y organismos que los fomentan, al menos en lo que respecta a la intervención de los escritores, que a saber por qué razones participan: ¿por vanidad?, ¿por generosidad?, ¿porque han sacado un libro (aunque las ventas que se pueda obtener de éste en ese acto o gracias a la organización de ese acto no reviertan, en absoluto, en la manutención del escritor; las cosas como son)?
Los pocos autores que pueden subsistir por –o gracias a— lo que escriben, son precisamente aquellos poquitos invitados constantemente a realizar actos públicos remunerados (bolos). Pero no parece que las instituciones públicas tengan la menor voluntad de potenciar esa industria, imprescindible para la subsistencia de cada vez más escritores y, por lo tanto, indispensable para que estos desarrollen su actividad intelectual y creativa. Tal vez (del mismo modo que se potencia la creación musical promoviendo la existencia de conciertos desde todo tipo de instituciones públicas) los escritores deberían de exigir que se potencie un circuito estable en el que los escritores difundan su obra y sus conocimientos… cobrando. Esto sí supondría un avance significativo en la calidad de vida de muchos escritores. También sería un avance significativo en materia de cultura.
Otro de los frentes posibles, en nuestro deseo de una mejor vida para los escritores, es la necesidad de crear becas o ayudas a la creación. Curiosamente, sí consideramos merecedor de una ayuda económica al guionista de cine (que puede presentar proyectos de escritura a diferentes administraciones y, consecuentemente, sacar adelante la escritura de su guión cinematográfico al margen de lo que luego éste pueda valer o no en el mercado, incluso al margen de si éste llega o no a convertirse en película), pero no consideramos merecedor de un trato similar a los escritores. Acaso consideremos más “profesional” al guionista que al escritor; aunque habría que plantearse, en este caso, a qué llamamos “profesionalidad”. ¿O es que consideramos indispensable la escritura de guiones para que se realicen buenas películas y se potencie una actividad que es industrial, pero no nos resulta indispensable respaldar la escritura de buenos libros porque los escritores ya hacen el esfuerzo de todos modos y la industria editorial no parece necesitar del apoyo a los escritores para su desarrollo?
No parece que fuera tan complicado habilitar becas de escritura para que los autores que quisieran y lo necesitasen pudieran encerrarse con su trabajo; o disponer una pensión de escritura a la que pudieran acogerse todos aquellos autores que prefirieran dejar “su empleo” por un tiempo para encerrarse con “su trabajo”, leer y escribir.
Sin duda habría muchos escritores que, al menos en algún momento de sus vidas, preferirían ganar menos y poder dedicarse a lo que seguro entienden como su verdadera razón de ser; pero es que hay otros tantos que se acogerían a esa pensión de autor –por ridícula que fuera— toda su vida, pues para muchos escritores resulta más satisfactorio sobrevivir escribiendo que obtener un buen sueldo relegando la escritura a un segundo plano. Más de un “escritor de verdad” se acogería, si pudiese, a la pensión que pudiera recibir un discapacitado, o una persona con un problema mental (¡sí, estoy loco de escritura, no puedo tomar un empleo!), para poder dedicarse a escribir.
Claro que enseguida habrá quien objete que sería muy difícil juzgar quiénes deberían ser los “autores verdaderos” merecedores de una beca de escritura o pensión de autor. Acaso no se tenga en cuenta que el Estado realiza todos los días complejas evaluaciones a personas que deberán dedicarse a esto o lo otro –incluso algunos con oficios muy similares al de los escritores—, o que serán merecedoras de todo tipo de prestaciones según su formación, su economía personal y situación familiar, y que las bases por las que todo ello se regula son actualizadas por la administración año a año, etc.
También habrá quien argumente –ante la solicitud de atención económica pública para quienes producen buenas obras literarias— que los escritores deben ser seres libres, independientes de cualquier dinero público (otra vez este argumento). A ninguno de los que así piensa se le ocurrirá, sin embargo, colegir que cualquier cineasta –que recibe dinero público de TVE, ICAA (Ministerio de Cultura), y un larguísimo etcétera de instituciones autonómicas, nacionales, europeas e iberoamericanas, para la realización de sus películas—, sea un autor dependiente, no libre, y su obra se encuentre plegada a los designios e intereses del poder establecido.
Y sin embargo, por alguna razón, pensamos que los libros de los escritores serían distintos (dependientes) si fuera el estado quien les dotara de lo necesario para ponerse a escribir.
Este argumento de la necesaria independencia del escritor tiene su miga. No nos parece adepto al poder, o domesticado, el autor que recibe el Premio Cervantes o el Nacional de Narrativa, aunque se trate de dinero público, al fin y al cabo. Tampoco nos parecen adeptos al poder, dependientes, los escritores que continuamente, por su obra y su buen saber hacer, son reclamados para impartir conferencias y todo tipo de eventos remunerados, casi siempre, con dinero público. Pero en cuanto sale el tema de la financiación pública para la creación literaria irrumpe el concepto de escritor puro, independiente y auto manifiestamente libre que se apresura a declarar “aparta de mí este cáliz”.
Tal vez debiéramos preguntarnos de qué libertad, de qué independencia estamos hablando. ¿Una libertad y una independencia en la que los escritores no pueden hacer su trabajo (mientras el amigo locutor de radio, el agricultor, el músico y el director de cine, sí)?
De qué independencia hablaríamos. ¿Una en la que los escritores tienen que trabajar en otra cosa y escribir por la noche, en los fines de semana, los días de fiesta, en vacaciones? ¿O una en la que el escritor, si se pone a ello caiga quien caiga, quien cae primero es él mismo, y, si acaso su obra merece la pena, cuando la sociedad se dé cuenta del sacrificio que ha hecho ya lo cubrirá de honores, aunque sea después de muerto)?
De qué dignidad tan gallarda hablan quienes dicen que lo mejor es ser libres, independientes, no depender de la limosna del político (esa “limosna” que llueve como agua de mayo sobre quienes se han apuntado a fabricar energía con molinos de viento, los ganaderos y las mismísimas entidades financieras). ¿O acaso hablamos de una libertad que considera el sumun del éxito profesional escribir en periódicos y revistas artículos al servicio de un partido político o de otro (cuántas veces el interés de los políticos de por medio).
Como ya hemos apuntado, se da la absurda paradoja de que del libro viven todos: impresores, libreros, editores, distribuidores, traductores… Menos los autores. Qué clase de dignidad torera nos asiste cuando esgrimimos nuestra supuesta libertad e independencia para escribir lo que queramos, si aceptamos tácitamente este injusto “tanto vendes tanto vales”, que hace que editores, distribuidores y libreros traten con cierta condescendencia a la inmensa mayoría de los autores, pues cómo sino como pobres diablos pueden ver a quienes contribuyen con tanto esfuerzo y sacrificio personal e intelectual al negocio que ellos hacen; y a cambio, tan sólo, de dígame usted esa vanidad del escritor.
Los escritores mismos reprimimos cualquier manifestación de victimismo. Pero cómo no van a producirse manifestaciones de victimismo entre nosotros si con nuestra ausencia de “activismo” lo único que conseguimos es que la sociedad toda mantenga ante nosotros una actitud culpable por el trato que nos dispensa.
¿Y de verdad cree alguno que alguien se va a poner a leerle en serio sin que esa culpabilidad (provocada por la falta de consideración social) desaparezca, por muchas campañas de fomento de la lectura que los gobiernos realicen?
Hace unos días, a un buen amigo escritor (a uno de esos que se toman su trabajo en serio), le hicieron una pregunta: “Y tú qué haces, a qué te dedicas”. “Yo no hago nada, soy escritor: estoy en mi casa”, respondió. Su respuesta no me sorprendió en absoluto. Esa es siempre una pregunta incómoda. Muchos escritores no pueden menos que decir de sí mismos lo que todos parecen pensar de ellos, para qué gastar energías con explicaciones.
LA PREGUNTA IMPERTINENTE
Sinceramente, creo que la posible aportación pública a los escritores y para la creación literaria se podría establecer y regir evitando cualquier tipo de peligros que pudiéramos imaginar. Si no se quiere que el Estado emplee al autor igual que al ujier o al locutor de radio (yo estoy de acuerdo con que no es buena idea), se puede estudiar todo tipo de medidas. No se trata de obtener los mismos derechos que los asalariados del Estado, o que quienes son contratados en empresas financiadas por éste, sino de disponer y canalizar algunos recursos para mejorar la situación de los escritores.
¿Que ni siquiera queremos recurrir al dinero público? ¿Que los escritores no quieren recibir una “limosna” del Estado? ¿Que desconfiamos de esa posibilidad? ¿Que a la sociedad no le parece bien? Pues nada, entonces tal vez no nos quede más remedio que formular y responder la pregunta impertinente: ¿Por qué todos, en esta industria, pueden vivir de los libros, menos quienes los escriben?
Formulando esta pregunta ni siquiera nos salimos del ámbito del mercado.
Todos sabemos que se está editando muchísimo (es lo que un buen amigo, Ernesto Suárez, llama “la burbuja económica del libro”). Cuanto más mejor. Pero mejor para quién. Si ese “cuanto más mejor” beneficia absolutamente a todos menos a los escritores, no sé. En este momento pareciera que los escritores debiéramos estar agradecidísimos de que se publique tanto, así nos publican a nosotros también. Pero lo que el escritor recibe de ese "editar cuanto más mejor" es un "no se vende", y "comprenderás que no te puedo pagar un adelanto de 6.000 euros por tu novela si no voy a tirar más que 2.000 ejemplares, y de un libro tuyo no puedo tirar más que eso". Qué digo 2.000. ¡Se están haciendo tiradas hasta de 75 ejemplares!, ¡hoy en día se puede imprimir así, de a poquito!
¿Y por qué cuantos más libros mejor? ¿Se trata de un desaforado anhelo de cultura por parte de la sociedad? ¿Es que leemos tantos libros como editamos? ¿Es que la sociedad se siente tan concernida por todo lo que se dice y sucede en el interior de los libros? Pues va a ser que no.
Los editores, los distribuidores y los libreros quieren vender (los impresores imprimir y los papeleros vender papel), por eso editan mucho y por eso cuantos más libros, mejor. A ver quién se niega. Los distribuidores reponen novedades al menos una vez a la semana, si no dos o tres. Para el distribuidor, cada libro “colocado” en la librería es un libro vendido, al menos a 60 o 90 días vista. Si el librero devuelve el libro, el distribuidor le da otro. (La querencia de que esos libros editados sean leídos es otra cosa: si son leídos, bien, y si no, también). No digo que al editor no le interesara poder editar menos libros y sacar más rendimiento de cada uno de ellos, ni que los libreros prefirieran no verse urgidos a devolver libros a un ritmo superior que el ritmo de la reposición de lo distribuidores, pero así es cómo está funcionando el mercado. Al parecer, según comenta Ernesto Suárez (poeta, crítico, profesor universitario y editor), pero también algunos de los editores con los que he hablado del tema, el negocio del libro se encuentra en “ese dinero demorado”, ficticio, entre reposición y reposición.
El problema es que esa política beneficia muchísimo a toda la industria, pero produce muy pocas ventas de cada libro en particular, y sin embargo los escritores siguen firmando unos contratos en los que se les ofrece un 8% o un 10 % de las ventas, con unos adelantos ridículos o sin adelanto directamente. Tu libro puede estar en catálogo y disponible el tiempo que haga falta. Aunque vendas 2 libros al año, no importa. Y el único pago es que tu libro figure en las páginas webs de las editoriales y las librerías: así que podríamos decir que la industria del libro te paga a cuenta de tu vanidad y con la grata sensación del imprimátur. Pura sensación, nada más. A partir de unas semanas, tu libro ni siquiera se encuentra en las librerías. O se encuentra sólo en algunas librerías y de manera testimonial.
El tema es que aquí el único que pierde de todo esto es precisamente quien escribe los libros, porque absolutamente todos los demás ganan. ¿Resultará descabellado pedirle a esta industria que ofrezca unos mínimos a quienes escriben los libros? ¿Resultará indecoroso señalar el problema y pedir públicamente que no ganen tanto a expensas de la supervivencia de los escritores? Y… ¿de verdad creemos que si señalamos bien el problema, lo analizamos, lo delimitamos, y buscamos soluciones, no las vamos a encontrar?
O sea, ¿que de la producción de libros de esta industria no se puede (entre las ganancias de editores, diseñadores, libreros, distribuidores, impresores, papeleros y ese larguísimo etcétera de gentes que sí cobran por su trabajo en todas las empresas relacionadas con el sector –comerciales, gabinetes de comunicación, agentes de marketing, becarios, correctores de estilo y lectores, etcétera, etcétera, etcétera…) sacar lo suficiente para que quienes escriben aquello con lo que comercian puedan salir adelante?
¿No podría un Gobierno sentarlos a todos a una mesa hasta alcanzar una solución?
Hace falta mucha voluntad política. La voluntad política la consiguen los colectivos haciéndose oír. Y los escritores tienen una de las mejores herramientas para hacerse oír.
Pero, amigo, lo que no hay es conciencia de que existe un problema. El problema se sufre, se padece, pero no parece que tengamos conciencia de él.
Pues empecemos por la conciencia del problema. ¿Cómo es posible que nos parezca normal que la industria del libro no se preocupe lo más mínimo por la subsistencia de quienes la abastecen de materia con la que comerciar?
Todo parece indicar que ni siquiera los propios escritores y escritoras estiman que merecen unas medidas públicas para subsistir. ¿Dinero para escribir? No, gracias. Los editores, sin embargo, sí reciben ayudas públicas a la edición de libros. (Porque, aunque parezca mentira, en este país sí que se conceden ayudas públicas al sector del libro, sólo que no se otorgan a los autores, sino a los editores, los traductores, y a un etcétera que podríamos investigar y que acaso nos sorprendería).
Curiosamente, a los editores no les duelen prendas a la hora de recibir ayudas para publicar libros. Reciben el dinero público y ese dinero público les sirve para pagar al impresor, al diseñador, etc. Los editores también están muy interesados en que haya ayudas para los traductores, sin embargo no parecen interesados, en absoluto, en que haya ayudas para los autores; o es que prefieren que se las den a ellos, un dinero del que ellos disponen para su negocio y que nunca llega a los autores de los libros que publican gracias a esas ayudas recibidas. Para qué pagar algo que, parece, no tiene ningún valor (los autores están dispuestos a regalarlo, les dices que no puedes pagarles y te dan el manuscrito para que lo publiques y parecen muy honrados de que lo hagas, encantados de la vida con ver su libro editado; muchas veces los autores no se plantean si quiera si deberían cobrar por ello, para qué pagarles, es el libre mercado). Eso sí, la ayuda económica la consiguen con el manuscrito del escritor. Sin el manuscrito del escritor no hay nada que hacer.
Luego, el editor publica el libro haciendo uso del dinero público para pagar a todo el mundo, menos al autor. Al autor le liquida al año (unas ventas pequeñas puesto que el mercado está tan saturado que de su libro no se vende gran cosa). Y en esa liquidación ni siquiera incluye las ventas a instituciones. Muchas veces esto se especifica en una cláusula leonina: “no entrarán en la liquidación del autor los ejemplares vendidos por la editorial directamente a instituciones”, que, añado yo, en tantos casos constituirá el mayor número de ejemplares vendidos.
¿Vender? Por cierto, no hablo con ningún escritor que se crea las liquidaciones que le realizan sus editores. No están obligados a hacerlas de una manera transparente. El autor se ve obligado a confiar ciegamente en lo que le dice el editor, y punto.
Pero no digo con esto que los editores sean malos, unos monstruos, lo peor del mundo mundial. No, es su negocio. Si pueden obtener algo sin tener que pagarlo, lo hacen. Sólo que se da la casualidad de que, precisamente, lo que pueden obtener gratis o prácticamente gratis, en esta industria del libro, es el trabajo de los escritores, los manuscritos. ¿Hará falta algún elemento de regulación?
¡Nosotros hacemos contratos con los autores! ¡Nosotros liquidamos anualmente!, dirán. Y, en efecto, hacen contratos a los escritores, y liquidan anualmente. Otra cosa bien distinta es que esos contratos y esas liquidaciones sean suficiente esfuerzo editorial de cara al tema que estamos tratando: la subsistencia de los escritores. Y si no lo son, ¿no deberían de ir pensando en cómo conseguir que lo sean? Tal vez sería interesante que las editoriales buscasen recursos, además de para tener ejemplares y poder cubrir los gastos de producción y distribución (que viva el editor, empleados, becarios incluso; el impresor y sus empleados, el papelero y sus empleados, etc.), para que el autor publicado esté cubierto el tiempo de escribir el siguiente libro. A lo mejor se pueden repartir los recursos que se obtienen entre menos libros y menos autores (pero acordándose de estos). Seleccionar más y editar lo esencial es trabajo de editor. Solía serlo.
Y el trabajo de los políticos, por cierto, suele consistir en legislar todo tipo de actividades para que no se pueda explotar a ninguna persona. Estudiar la realidad de los sectores económicos y establecer los elementos de regulación para que ningún colectivo se encuentre desfavorecido.
La única razón de que existan las ayudas a la edición y no a la escritura es que, efectivamente, los editores son un lobby (como los agricultores, los ganaderos, los cineastas y los fabricantes de coches, etc.). Ellos sí tienen interlocutores que negocian con los gobiernos de turno las ayudas al sector (lo mismo que los distribuidores, los libreros y, supongo, impresores y fabricantes de papel). Me comenta un amigo que, hace unos años, el Ministerio de Cultura tenía unas ayudas a la escritura, que las quitaron de un día para otro y nadie dijo nada. Quién iba a decir qué. No había interlocutor ninguno. Ni se formó para la ocasión. Ni nada de nada. ¿No deberíamos de estudiar las razones por las cuales los escritores se conforman con… nada? ¿Cómo es posible que los escritores no se asocien y defiendan sus intereses colectivos? ¿Por qué no quieren ni un mejor trato del sector editorial, ni dinero público, ni ningún tipo de cobertura social que tenga en cuenta que, además de sobrevivir de lo que sea, escriben libros?
¿Será que los escritores no se ven a sí mismos como parte de la sociedad, sino como una élite o un grupo al margen? Al fin y al cabo, cuando escribimos siempre, de una u otra manera, acabamos dirigiéndonos a ella: en un lado estamos nosotros y enfrente, al otro lado, el resto del mundo. Supongo que hay muchos que se sienten a sí mismos sobre un andamio de oro, por encima del resto de las personas. Confieso que no es mi caso. Tal vez por eso sí me comparo con el resto de los componentes de esta sociedad al mismo nivel (es lo que hago en este artículo), y encuentro un importante escalón, el andamio bajo tierra.
Y es cierto, Faulkner escribió "Mientras agonizo" sobre una carretilla puesta al revés mientras trabajaba como guarda nocturno en una fábrica. Pero mal vamos si seguimos poniéndonos como ejemplo a seguir la vida de autores que lo tuvieron tanto más difícil que nosotros (entre otras cosas, porque no tuvieron ninguna opción). En cierto sentido, es como decirle a un agricultor de Cuenca que se fije en lo difícil que lo tiene un agricultor de Gambia, y cómo los agricultores gambianos salen adelante (o no), y se enfrentan a las malas cosechas, y al hambre, y al trabajo. Y arengarle a que soporte lo mismo, que sea valiente, que aquí está mucho mejor.
Impresionante lo de tantos escritores que lo tuvieron más difícil que nosotros: pero ser insumiso no es morirse de hambre o permitir que tu familia lo pase mal porque tú tienes que escribir.
Me temo que nos ha costado tanto construirnos un discurso para la resistencia –un discurso plagado de ejemplos de vida perra de grandes escritores mientras escribían los libros que nos gustan—, que da igual que estemos en otro tiempo, en otro lugar, y que los ciudadanos, en general, tengan determinados derechos: no queremos renunciar al discurso que tanto nos ha costado elaborar, y sin el cual algunos no hubiesen resistido, y otros no hubieran desfallecido con tanto honor y laurel.
Hace unos meses falleció un amigo escritor –probablemente suicidado—, poco más de cuarenta años, no había trabajado, ni formado familia, tampoco había escrito mucho, pero lo poco que escribió es notable. Y como no tuvo una vida fácil, todo el mundo se apresuró a rendirle todo tipo de honores: cortometrajes, canciones, artículos en prensa. Me alegré mucho por él. Yo mismo escribí lo mejor que supe sobre su desaparición. Pero el regusto es amargo. No es justo. Me pregunto qué pensarían otros miembros de la sociedad si les propusiéramos recibir el mismo trato, pagarles así, y les pusiéramos como ejemplo a seguir todos los que tuvieron, y tienen cada día, que hacer lo mismo que ellos en circunstancias mucho más adversas.
No, amigo. Yo quiero ser un escritor de hoy, o, mejor dicho, de esta sociedad. A mí las penurias de otros no me arreglan.
***
Tal vez no sea tan descabellado solicitar a la administración un buen programa de becas de escritura para proyectos puntuales (los traductores las tienen, es absurdo que los escritores no). O pensiones de escritura para los que quieran dejar su trabajo por un tiempo y ponerse a escribir. Y la potenciación de una industria paralela que es vital para los escritores, los bolos: recitales, lecturas, conferencias, tertulias, mesas redondas. Que se comprenda que los señores y señoras que participan en ellos y los llevan a cabo tienen que hacer sus esfuerzos (no se nos ocurrirá nunca no pagar al cuentacuentos, que va de biblioteca pública en biblioteca pública, ¡tiene que ensayar, aprenderse todo eso de memoria! El escritor se lo tiene que inventar. Su aportación es infinitamente más relevante. Y por cierto, resulta absolutamente absurdo que “un autor” que además es “cuentacuentos” reciba más dinero por una sola contada en una biblioteca que por los derechos de un libro que ha tardado años en escribir. ¡Gana más un cuentacuentos en una hora que un escritor con su libro!)
No parece descabellado que los escritores exijan al sector del libro, en su conjunto, un mayor compromiso con quienes les suministran la materia con la que comercian. Y no cabe duda de que la única manera de defender los intereses de cualquier colectivo pasa por una mayor implicación de sus componentes en las decisiones gubernamentales que les atañen, asociándose para negociar con el resto del sector. No seré yo quien llame a los escritores a la formación de un lobby, nada más lejos de mi forma de proceder y de mi carácter, pero es que el escritor tiene el poder de su escritura y entre sus atribuciones se encuentra el necesario cuestionamiento de lo establecido; al menos podríamos exigirnos el análisis de la propia situación. Por supuesto que todo lo expuesto aquí nos avergüenza, nos estigmatiza, ataca a nuestra vanidad y autoestima (mon dieu, qué malo soy, qué daño nos estoy haciendo, ¡las miserias deberían quedarse bajo la alfombra!); preferiríamos que nadie nunca osara decirlo y seguir mirándonos sólo en Andrés Neuman recogiendo el Alfaguara, en Juan Marsé recogiendo el Cervantes y en Roberto Bolaño derribando las fronteras de EE.UU. después de muerto, pero la realidad del día a día es, radicalmente, otra.
Si nos importa esto del libro y la creación literaria…
Se habla de "la muerte de la novela”, “la muerte del libro", etc. Se edita más que nunca, demasiado; sin embargo yo me siento menos estimulado a publicar mis libros ya escritos que en ningún otro tiempo ningún escritor con libro terminado, y no creo ser el único. Para qué publicar. ¿Tiene sentido? ¿No será eso lo que “se muere”?
Publicado: 18 Junio 2009 en General.
Comentarios: 101
Comentarios
Comentario por Luis León Barreto
Time: 18 Junio 2009, 17:06
Un texto brillante, bien concebido, que debería hacernos reflexionar sobre las grandezas y miserias de este oficio de la escritura.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 18 Junio 2009, 17:06
Un texto brillante, bien concebido, que debería hacernos reflexionar sobre las grandezas y miserias de este oficio de la escritura.
Comentario por Elsa López
Time: 19 Junio 2009, 10:22
¡Que barbaridad! Me he quedado consumida, mpequeñecida, miserable… Y, al mismo tiempo, feliz por escuchar o leer lo que ha escrito Nicolás Melini. ¡Qué manera asombrosa de dar en el clavo! ¡Qué ajustada y medida la crítica! Creo que es la manera de actuar y de decir: sin acritudes, con sentido común, con datos y experiencias que hacen del discurso una prueba razonable y objetiva. Totalmente de acuerdo con sus palabras y sin más que añadir excepto la tristeza de no estar unidos para usar este texto como manifestación de nuestros pensamientos ante las autoridades y la sociedad que tanto las ignora. Gracias Nicolás y, como dirían los clásicos, mis respetos.
Elsa López
Comentario por Emilio González Déniz
Time: 19 Junio 2009, 11:40
Nicolás Melini pone el dedo en llaga, y es importante señalar que hasta los bufones de los reyes medievales tenían una consideración y un salario.
Que todo el mundo cobre por un libro menos quien lo escribió parece normal a quienes ni siquiera se escandalizan porque un futbolista hortera gane 27.000 euro diarios.
La respuesta que nos darán ya la sabemos: no escribas, nadie te ha mandado. Yo creo que sí nos han mandado, es como un designio, porque si no no se explica que siga habiendo escritores de verdad.
Saludos
Comentario por Juan royo Iranzo
Time: 19 Junio 2009, 12:41
Interesante. Es el aquí y el ahora, sin duda. ¿Hay alguna parte del planeta donde las cosas no sean así? Lo pregunto con ánimo constructivo, porque yo no lo sé.
Comentario por Rosario Valcárcel
Time: 19 Junio 2009, 20:00
Qué artículo tan atinado, brillante y tratado con esa fina ironia que sabe hacer Melini.
Y como dice Elsa López ¿por qué no usarlo como manifestación de nuestros pensamientos ante la sociedad y los políticos que nos ignoran?
Voto y firmo por dar curso a este texto.
Un abrazo apretado para todos.
Comentario por Anelio Rodríguez Concepción
Time: 19 Junio 2009, 22:05
Más que dar en el clavo (y vaya si lo da), Nicolás pone el dedo en la llaga, y lo hunde, y lo remueve circularmente, en ambos sentidos. Cuanto dice es atinado y cierto. De cajón. De cojón. Se debería imprimir y llevar, como un panfleto, a todas partes.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 19 Junio 2009, 22:51
Gracias por los comentarios. Me apresuro a decir que si se estima que hay algo de cierto en lo expuesto, basta con decirlo y plantearlo adecuadamente a quien corresponda. No creo que sea necesario situarlo en ningún sitio ni representando a nada ni a nadie.
Supongo que lo primero sería estudiar, o promover que se estudie, la situación de los escritores canarios. Sería necesario conocer muy bien la realidad antes de solicitar o establecer cualquier medida concreta.
Esta mañana me ha dicho una escritora canaria que se jubila ahora, y que tendrá una jubilación mileurista. Huelga decir que es una de esas autoras canarias cuyo paso por este mundo y cuya obra celebraremos en el futuro, después de que haya desaparecido, y probablemente la cubriremos de honores, le dedicaremos algún día de las letras, como con Mercedes Pinto, y el Gobierno invertirá mucho dinero en todo ello. Tal vez deberíamos plantearnos, por ejemplo, si no sería justo que, llegado el momento de la jubilación, a las personas que han estado escribiendo y publicando libros (todo ese esfuerzo y trabajo al margen del oficio que le contabiliza para su jubilación), se les tenga en cuenta esa actividad tan provechosa para la sociedad, al margen de que hayan podido percibir algo por ello. Es sólo un ejemplo. Seguro que alguien dice, ¿¡y de dónde saldrá el dinero para eso!? Pues no lo sé. Pero me atrevo a indicar que tal vez podría salir de quienes han vivido de la producción de libros, que son muchos y muy variados.
Muy buena pregunta, Juan Royo. Me han comentado que en Holanda no es igual que aquí. Según tengo entendido, los escritores reciben una prestación cada vez que publican un libro. Pero no sé cómo funciona el sistema exactamente. Lo siento. Es algo que habría que investigar. Supongo que habrá bastantes países con particularidades muy acusadas. Probablemente, haya bastantes que cuenten con ayudas a la creación (creo que Venezuela, antes del régimen actual, ya las tenía, y muy importantes, y supongo que también ahora). En cualquier caso, sería una buena vía de trabajo: averiguar qué medidas existen en otros países. Aunque creo que, al final, las medidas habría que inventarlas en función de una realidad y para solucionar un problema que hayamos acotado aquí.
Gracias Rosario, Emilio, Elsa, Luis, Juan.
Un abrazo
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 20 Junio 2009, 2:03
Melini, muy certero tu artículo. La verdad que la cosa está para tomársela uno en plan irónico y hasta sarcástico (el sarcasmo realmente se emplea para no llorar de vergüenza). Todo eso que tú dices me lo he estado planteando desde hace mucho y era consciente de que a ello me iba a enfrentar. He estado escribiendo mucho como tú dices y dando clase de literatura en la ESO y Bachillerato. Otra desilución, otro frente de lucha. ¿Para qué publicar entonces-me preguntaba- si no sólo está el problema de la edición y todo lo que tú dices, sino, además, está el hecho de que en los currículms apenas se tiene en cuenta nuestra singularidad literaria o, hablando llánamente ,nuestros textos? Y no hablo de los textos que estamos escribiendo ahora, hasta se nos acusa de soberbia 8a quienes tenemos dos trabajos; uno remunerado y psicológicamente estresante, y el otro no( “mejor hablaras de fútbol-dirían algunos-).
Resumiendo, tenemos una gran literatura que escribimos para que nuestros lectores no nos lean, porque en las clases de Literatura somos pocos que nos mencionamos y tratamos.
Creo, Nicolás, que habríamos de movernos en ambos frentes: el que tú dices y el que te digo yo y manifiesta el ACAE en su blog.
Una pequeña aclaración: el Gobierno de Canarias el año pasado dejó fuera de subvención a algunas editoriales independientes que precisamente abogan por lo que tú dices.
Encantado de leerte, y de sentirme unido a tus palabras. Un Abrazo, Antonio.
Comentario por josé Miguel Junco
Time: 20 Junio 2009, 19:04
Me parece un artículo que tiene la virtud de, tras su lectura, no dejarnos indiferentes. Plantea de forma clara y valiente aspectos que sin duda condicionan las posibilidades de los autores de poder vivir decentemente de su trabajo, independientemente de que éste le resulte más o menos gratificante, de que el escritor se realice en mayor o menor medida. También se realiza en muchos casos el que enseña, o hace planos, o investiga sin que nadie cuestione la necesidad de que deba recibir un salario digno por su gratificante trabajo.
Creo que Nicolás está siendo honesto al plantear un tema que a veces por recato, otras, por excesiva modestia no nos atrevemos a someter a debate. Un abrazo.Pepe Junco
Comentario por Elba García
Time: 21 Junio 2009, 1:37
Genial el discurso de Melini, Creo que a todos esos eslabones que perciben ganancias al publicar nuestros trabajos se les debería aplicar una retención, un porcentaje, p.e. con destino al autor, independiente de los establecidos para la venta.
Enhorabuena por un brillante trabajo que nos defiende.
Comentario por Víctor
Time: 21 Junio 2009, 22:30
Hola, amigos de la ACAE (y saludos en especial a aquellos que me acompañaron tan gratamente en la feria del libro de Tenerife, donde pasamos buenos ratos charlando en las mesas redondas). Quiero decir que me parece muy bueno el texto de Nicolás, y sin duda estoy de acuerdo con lo que él dice de que en este mundo todos los que nos dedicáramos al arte estaríamos mucho mejor (novelistas, poetas, cineastas, escultores, músicos, etc) si tuviéramos un sueldo fijo que la sociedad nos pagara por ello, y pudiésemos dedicar el cien por cien de nuestro tiempo al oficio de nuestras entretelas. Como hacían los escritores rusos que vivían en las “ciudades literarias”, subvencionadas por el estado soviético, durante los años setenta y ochenta. Que te paguen por crear tu arte, menudo lujo.
Pero sin embargo en la sociedad actual y occidental eso no es posible, por la manera como funciona esa misma sociedad. Me explico: yo soy guionista de cine y televisión, además de escritor. Ese oficio, el escribir guiones para la televisión o para el cine, es el que más beneficios me deja con mucha diferencia, ya que de mis novelas apenas puedo obtener unos cuantos miles de euros cada cierto tiempo que me ayuden a salir adelante. Es triste, ya que en general el trabajo creativo orientado a la televisión, dentro de los círculos cultos de cualquier país, está mucho menos considerado y es menos respetado que el que se orienta a los libros o la poesía. Pero también es cierto que el rellenar una parrilla televisiva mueve mucho dinero: la publicidad ayuda a subsistir a infinidad de empresas, esa publicidad mueve la cadena de televisión y a los varios centenares de personas que trabajan para ella, etc. Cuando yo escribo el guión de un documental o de una serie de televisión, mi trabajo me lo pagan muy bien porque a su alrededo, alrededor de ese espacio que yo cubro, orbitan cientos de trabajadores: publicistas, maquilladores, empresas que aprovechan el rating de público para anunciar sus servicios, etc. Es decir, que mi creatividad no sólo es arte (que también lo es, señores, no lo olvidemos, aunque su destino sea un documental sobre la visita de Alfonso XIII a las Canarias y no un libro a tal efecto) sino que también genera beneficios inmediatos. Por eso se les paga tan bien a los profesionales de la televisión, porque el flujo de dinero (motor de nuestra sociedad, no lo olvidemos) que generan es altísimo e inmediato.
Ahora bien, ¿qué sucede con los libros, con la prosa, con la poesía? El libro genera un valor moral y artístico, pero no genera dinero. En el noventa por ciento de los casos de los libros publicados en España al mes, las editoriales apenas logran obtener un magro beneficio de ellos, y eso en el caso de que logren cubrir costos. El libro no genera una corriente de dinero porque no tienen un millón de personas todos los días sintonizándolos, y por lo tanto las empresas privadas no se anuncian en sus solapas, y por lo tanto las editoriales no facturan millones todos los meses a costa de ese producto.
Yo, personalmente, el caso de la poesía no lo conozco demasiado porque soy novelista, y nunca me ha dado por escribir poemas. Pero la industria del libro sí que la conozco bien, y sé que un libro es un material que se debe de sostener económicamente a sí mismo, sin contar con el rating de espectadores típico de la televisión o del cine. Es como la escultura, o si me apuran mucho, como la fotografía. Es un arte que no genera dinero más allá de la venta de copias de sí mismo, y esto es cada vez más improbable que suceda en un mercado en el que todos los meses se publican 5000 libros en España.
¿Con todo este rollo qué quiero decir? Pues muy sencillo: que sería estupendo y maravilloso que los gobiernos de nuestras comunidades autónomas, llámense cabildos o direcciones generales del libro o como se quiera, jamás van a ponernos un sueldo a los creadores literarios para que hagamos nuestro trabajo, porque no generamos dinero. Hay demasiadas novedades en el mercado del libro y demasiada gente que escribe como para ponerles una pensión, por magra que sea, a todos. ¡Demasiados! ¿Cuántos sois en vuestra asociación, 130, por lo menos? Imaginaos la cantidad de gente que hay en España que escribe, ya sea prosa o poesía, y a la que le gustaría vivir de ello. Si hubiera que ponerles a todos un sueldo, para que hagan un trabajo que no renta nada a cambio (nada material, quiero decir), las arcas del Estado se exprimirían cosa mala. Y eso a ningún político le interesa.
El cine en nuestro país también es una cuestión de limosnas. El ICAA concede subvenciones para que se hagan cortometrajes, porque éstos salen carísimos (a razón de 6000 euros por minuto de película, para que os hagáis a la idea los que no conocéis el mundillo, cuando se rueda en 35 mm. y con actores más o menos profesionales). ¿Pero cuántos apoyan al año? A las subvenciones pueden presentarse cada año un mínimo de 500 personas que anhelan por encima de todo hacer su primer corto en cine o vídeo, pero sólo reciben míseras cantidades de dinero un uno por ciento de ellas. Las demás, a aguardar turno el año que viene. ¿El mundo del cine está subvencionado? Puf… sí y no. A los poquísimos afortunados a los que les toca la china tal vez sí. Al 99% restante seguro que no.
¿Cómo veo yo el futuro? Para mí el futuro es una cuestión de formas abiertas de pensar. De formas adaptables, más bien, de pensar. España nunca será como Rusia y nunca creará aldeas de escritores (qué idea tan romántica, ¿verdad?) pagados por el Estado para que desarrollen su arte, esté politizado o no. El mundo del libro, aunque a nosotros como escritores nos guste verlo como algo ultrafundamental y trascendente para el desarrollo de la civilización, visto desde fuera no es más que un arte que no genera beneficios. Por eso, creo que lo que tenemos que hacer los escritores es seguir dejando salir nuestro arte, como buenamente podamos, y que no nos pasemos la vida aguardando unas ayudas del gobierno que no pasan de ser una mera quimera. El escritor debe ver el mundo del libro como lo que en realidad es, es decir, un negocio que tiene sus reglas y sus canales de distribución y sus formas de darse a conocer, y dejar de verlo COMO A NOSOTROS NOS GUSTARÍA QUE FUESE, porque ese es un sueño que no se hará realidad nunca.
Por eso os recomiendo, amigos, que dejéis de plantearos la vida como artistas que esperan que la ayuda llegue desde el exterior (es decir, por parte de los políticos, que es a lo único que aspiran vuestros manifiestos, a que la dirección general del libro o el gobierno de Canarias se deje la piel en ayudas y subvenciones) y comencéis a ver el mundo editorial como realmente es: un negocio donde la gente que compra libros (que son muchísimos, incluso aquí, en Canarias, y si no mirad la enorme cantidad de estanterías que las grandes superficies dedican al mundo del libro. Si los libros no se vendiesen, dedicarían ese espacio a las manzanas o los vídeojuegos) compra sólo aquellos que les venden. No los que ellos realmente quieren. Si observáis a la gente que lee en las guaguas o en las gradas de los polideportivos, y os fijais bien en qué títulos están leyendo, os dareis cuenta de que todos, absolutamente todos, están leyendo “el niño con el pijama de rayas”, “el fuego”, “la catedral del mar”, etc. O sea, los éxitos del año. Eso es porque nadie suele pasar de la mesa de los “más vendidos” a ver qué hay detrás, en las estanterías del fondo. Casi nadie rebusca entre los libros que hay amontonados detrás en busca de alguna joya enterrada cuando tiene justo delante cientos de ejemplares amontonados de “la sombra del viento”. Ése es el libro que se lleva a casa, el que le vende con más claridad e insistencia el librero.
Bueno, acabo ya que me estoy liando. En resumen: que las ayudas gubernamentales son pan para hoy y hambre para mañana, y nunca llegarán en la suficiente cantidad como para alimentarnos a todos. El mundo del libro es como es, y si queremos publicar y llegar a la gente (porque un escritor sin su gente no es nada) debemos ingresar en esa maquinaria que ya está en funcionamiento, y no inventar otra nueva. Mi consejo es que tratéis de llegar a las grandes editoriales a través de los concursos, que es como ellos publican a autores patrios normalmente aunque sólo queden finalistas, y que seáis “menos canarios”, en el sentido de menos autóctonos. Escribid obras más universales que cualquiera pueda leer y entender, no sólo el público canario. Escribid fantasía, y terror, y ciencia ficción, y novela histórica, y serie negra, y todas esas novelas que se presentan en los grandes saraos literarios del país, como la Semana Negra de Barcelona o de Gijón. Sed artistas y a la vez vendedores, porque si no, con esa mentalidad de “yo soy autor canario y debo defender los valores y la cultura de mi tierra”, aquí no nos vamos a comer una rosca. Toma ya, declaración de intenciones ![]()
¡Un abrazo!
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 22 Junio 2009, 21:24
Nicolás, encantado de reencontrarte.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 10:54
Victor, creo que no has entendido el artículo. No estoy de acuerdo con que los autores deban recibir un sueldo del estado. Por si tenías alguna duda, no, no me parece buena idea. Me sorprende lo tuyo. En el debate sobre el Clientelismo cultural en canarias, que se puede leer en este blog, te quejabas de que no se te consideraba en Canarias porque no escribes del gofio y las playas. Cuál es mi sorpresa cuando resulta que en la feria del libro de Tenerife eres el autor que participa en más actos (ver programación), estabas hasta en la sopa. Me alegro por ti, ya te dije que ojalá consiguieras el reconocimiento que deseas (huelga decir que no dije el reconocimiento que mereces), no, el que deseas. También te dije entonces que la descripción que hacías de la literatura canaria como gueto era insultante, y que te felicitaba por publicar en Planeta, pero que a lo mejor habías calculado mal al pensar que si publicabas en Planeta, automáticamente, ibas a recibir el “homenaje” de tus congéneres canarios, que la gente elige de una forma muy particular los autores a los que considera propios. Te recuerdo todo esto porque, sinceramente, tío, me estoy cansando de tus aires de superioridad, que te llevan a recomendarle a la gente lo que tiene que escribir, pasando por alto el detalle de que precisamente les recomiendas que escriban lo mismo que tú (¡sean como yo!, “¡ingresen en el mundo editorial!”, decías en el anterior debate, ¡sean como yo!, “¡escriban fantasía, terror!”, dices ahora, la literatura de género que tú escribes). Tío, deja de ponerte como la medida de todo. Y un poquito de respeto por los demás.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 11:38
Antonio, el mismo placer. Gracias Pepe y Elba por los comentarios.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 12:44
Resido en Madrid hace ahora 17 años. Conozco a autores que publican en todos los sellos editoriales principales, algunos de ellos son buenos amigos. Tengo relación con autores que han obtenido el Finalista del Premio Planeta, el Herralde, el Primavera, el Alfaguara, etc.
Ninguno de ellos escapa a los problemas que se refieren en el artículo.
Este artículo fue publicado en primer lugar en La Mancha. Mientras se debatía allí, a casa me llegaban correos de autores de los principales sellos. Autores de Alfaguara, Anagrama, Seix Barral, Alianza, Planeta, Páginas de espuma, Lengua de Trapo…
Estos no son problemas de los escritores canarios, ni debidos a la mediocridad de los escritores canarios, tal como esgrime Victor Conde. En cuanto este artículo salió a la luz en La Mancha, me lo pidieron para publicarlo en la página web de la Escuela de Escritores de Madrid, por ejemplo. He sido coordinador de La Noche de Los Libros de Madrid en varias ocasiones. En la última edición contamos con más de 400 autores.
Estos que se plantean, repito, no son, como pretende Victor Conde, problemas en los que se encuentren los escritores canarios debido a su mediocridad, su lejanía del mundo editorial, etc., ya que lo mismo le sucede a los que “ingresan”, con mayor o menor consideración, en el mundo editorial al que él se refiere.
Por si quedaba alguna duda.
Salud
Un saludo
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 14:51
Querido Antonio Arroyo, muy acertado tu comentario. En efecto, sería necesario trabajar en esa doble dirección. Lo que está planteando la Acae a la administración es muy importante, en lo que a la educación se refiere, pero también debería de serlo para la subsistencia de los escritores. Es el fomento de esa industria paralela, los bolos, a la que hacía referencia en el artículo. La presencia de los escritores en los centros de formación es importante, pero también lo es que lo hagan cobrando. Hace poco estuve en Roma dando un recital junto a una poeta gallega, Yolanda Castaño. Yolanda me comentaba que no se va de Galicia porque a ella, donde le salen los bolos, es allí. Tendría que estar volviendo continuamente y sería poco práctico. Es una de esas grandes excepciones, una poeta joven, con dos o tres libros de poemas publicados, que pude vivir de esa actividad: ofreciendo recitales en bibliotecas y centros de enseñanza, escribiendo hasta 5 artículos en distintos medios a la semana (podríamos hablar del papel de la prensa de Canarias en todo esto, si quieres), etc.
Salud, amigo, y gracias por tu comentario.
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 23 Junio 2009, 16:59
Nicolás, lo mismo que digo de la proyección de nuestra literatura en la enseñanza, lo aplico a ese tema de la subsistencia. Eso que me cuentas de Yolanda es un ejemplo a negociar con nuestro gobierno que, como sabrás parte de las conclusiones de unos técnico ( a saber qué criterios barajan) y todo lo demás son cifras. Cuenta conmigo para la labor y no pierdas esa valentía tuya y esa sinceridad que me hace sentir orgulloso.
Víctor Conde, no he leído su obra…pero yo, que soy un depredador de la literatura tanto de Canarias como universal, después de lo que usted dijo no pienso hacerlo y que conste que no le hago un feo a la buena literatura. Y se lo digo con todos mis respetos, yo que también sé opinar.
Una cosa tengo clara, si yo tuviera que vender mi poesía de la forma que dice, dejaría de escribir, no es broma, no sería la primera vez ¿Vamos a enlatar o poner en tetra-brik no sólo la literatura de Canarias sino la universal como argumenta? Si hablamos de literatura, seamos coherentes. Es algo serio, es ARTE, no ART-IFICIO ni ART-IMAÑA.
Bravo, Nicolás y bravos los demás. Antonio.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 18:49
Querido Antonio, gracias por tu apoyo. En cuanto a lo que dices que cuente contigo, debo aclarar que yo no voy a ir mucho más allá en todo esto de poner lo que pienso negro sobre blanco. Aquí hay una asociación, con una directiva, y más de cien socios. En el caso de que algo de todo lo dicho merezca ser planteado a la administración, la mejor manera es esa, la institucional, una interlocución de la asociación de escritores con la administración, por los cauces establecidos constitucionalmente para ello. Los miembros de la junta directiva rinden cuentas ante los socios, los socios votan a la junta directiva que quiere que los represente, y la junta directiva utiliza como mejor sepa los recursos de la asociación para llevar a cabo el trabajo que los socios le encomiendan.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 23 Junio 2009, 19:23
A nadie se le habrá escapado el dato: Yolanda Castaño escribe en gallego, tal vez por eso, por una política lingüística determinada, puede vivir bastante bien de sus bolos por las bibliotecas, centros de cultura, centros de enseñanza, etc., de Galicia.
En el artículo me refiero a la necesidad de analizar por qué el dinero público va donde va. Y digo que casi siempre se combina el interés de la sociedad, o de una parte de esta, con el interés de los políticos. Yolanda tiene la suerte de vivir en una comunidad y escribir en una lengua cuya promoción le interesa mucho a los políticos.
Yo de todo esto me quedo con una cosa: cuando hay voluntad política, se puede. Si en Canarias no se puede, es porque no hay voluntad política. Lo que es decir: porque a los políticos no les resulta rentable, no obtienen de ello el beneficio que, por ejemplo, los políticos gallegos fomentando el gallego. Y por qué la subsistencia de los escritores, y la difusión del trabajo de los escritores, no obtiene apoyo porque sí, porque es importante, culturalmente importante… Y por qué todo ello tiene que depender de que la clase política se vea beneficiada. Y por qué el dinero público no se destina allí donde hace falta sino donde hace falta y, además, el político saca rentabilidad.
¿Alguien conoce los proyectos culturales que está impulsando Dulce Xerach en el parlamento? Un museo por cada isla, el de las estrellas en La Palma, el de los desiertos en Fuerteventura, etc., enormes inversiones. A mí me gustan mucho, suponen trabajo para un montón de gente, es importante para la divulgación, el conocimiento, la investigación. Yo apoyo eso. Pero si hay para eso, no puede no haber para esto. Como dice un amigo venezolano: a mí no me vas a cortar con ese vaso de cartón.
Ese proyecto millonario ya ha recibido el primer apoyo del parlamento.
Comentario por Gustavo
Time: 23 Junio 2009, 20:14
Este es el primer mensaje que dejo en la lista. Os leo desde hace varios meses pero hasta ahora no había tenido nada que decir. Soy fontanero de profesión, y voy a romper una lanza a favor de Víctor Conde porque lo que defendeis lo demás me parece erroneo. Nicolás habla de apoyos del gobierno y de subvenciones, si no me equivoco. Y los demás le apoyais porque os vendría muy bien que os lloviera dinero del cielo. ¿pero que lugar deja eso para la competitividad, las reglas del libre mercado, la sana competencia?. Yo soy fontanero de profesión, y se de sobras que vivimos en un archipiélago donde todos los campos profesionales tarde o temprando acuden a pedir limosna al gobierno. Si mi cosecha no ha sido buena este año, el político me tiene que dar una subvención. Si la gente ya no coje tantos taxis, el político me tiene que dar una subvención. Si mis libros no se venden, el político me tiene que dar una subvención. ¿y si yo me pusiera a pedir subvenciones si no arreglo bien mis tuberías? ¿tendría derecho??
He releido varias veces el comentario de Víctor, y creo que los tiros no van por ahí, por donde vosotros los enfocais. Él lo que os está diciendo no es que sea mejor que vosotros por publicar en planeta, eso no lo dice en ninguna parte, lo que os dice es una forma de acceder a las mismas editoriales a las que él ha accedido para que la aprovecheis. Eso es lo que yo interpreto en su mensaje. Y tampoco está diciendo que haya que ser menos “artístico” si se escribe para un gran público. Esa postura típica de intelectualillos de medio pelo, eso de decir que si yo “me vendo” al mercado es que estoy prostituyendo mi arte, siempre me ha tocado mucho las narices. Dice Arroyo “si yo tuviera que vender mi poesía de la forma que él dice, dejaría de escribir porque lo mío es arte y no artificio” y demás pamplinas. Ese es el típico pensamiento elitista que define a los mediocres, los que se creen por encima de los demás porque no rebajan su nivel intelectual para adecuarse al nuestro. Es lo que hace que la gente como yo vea a los poetas como engreidos que se creen que sus versos, como los de Homero, van a durar para siempre.
Al menos Víctor ha tenido la decencia de oponerse a la política del que no llora no mama, e ingresar en el mercado editorial por méritos propios, compitiendo con los otros autores que también publica planeta en igualdad de condiciones. Vosotros, que yo sepa, a lo único que aspiráis es a que la Xerach os deje caer unas cuantas monedas en la bolsa, por el solo hecho de ser Canarios.
Comentario por Gustavo
Time: 23 Junio 2009, 20:28
Y como colofón a mi anterior mensaje, me he puesto a “googlear” un poco buscando reseñas de los libros de Víctor, a ver que dice la gente por ahí, por si era cierto que sus novelas son artificios anti-artísticos de esos que decís vosotros. Me he encontrado con que los críticos del tipo de literatura que él hace lo ponen por las nubes. Googlead un poco buscando el título de su último libro “el teatro secreto” y os llevaréis una sorpresa.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 16:01
A ver, gente. Caaaaalma. Si llego a saber que mis mensajes causarían tanto revuelo no los mando. Lo único que quería era aportar un punto de vista distinto y sugeriros una forma en mi opinión mucho más efectiva de enfocar vuestros esfuerzos. Pero si estáis más que decididos a luchar en el bando de la subvención y del apoyo del gobierno, usando la ACAE ésta, pues adelante y sed felices con ello. A ver si la próxima vez que vea a Dulce Xerach en un congreso me acerco a ella y le comento el tema ese de los “bolos” de los que habla Nicolás, a ver qué opina. Puede que en el fondo no sean una mala idea.
Comentario por Rafael Hierro
Time: 24 Junio 2009, 16:23
Estimado Nicolás Mellini, muchas gracias por tu clarificador esfuerzo en la elaboración de este valiente texto que, además, consigue ir más allá del ámbito de la literatura tocando de lleno la situación de similares conflictos en otras artes.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 24 Junio 2009, 17:05
Seguro que se lo comentas. Pero para ti. Has dejado muy claras tu cartas. Es una de las cosas que me molesta: esa completa ausencia de solidaridad. Desfachatez. Pero como estás por encima. Y sigues creyéndote por encima. Aquí venimos a hablar de cosas que pueden ser del interés de todos y tú sin embargo sólo hablas de ti. Osea, que ni siquiera eres socio de la ACAE. A qué vienes, entonces. ¿A chinchar? ¿A decir que estás por encima? Puedes venir y comentar lo que quieras, pero te sigo pidiendo respeto, educación, ¿usando la ACAE esta, has dicho? Pero tú quién te crees que eres que estás por encima de más de 100 socios individual y colectivamente? Calma tú, tío, calma tú, que estás muy subidito.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 24 Junio 2009, 17:12
Y, por cierto, no veo que tu comentario haya causado ningún revuelo. Es otro de tus delirios.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 17:39
Vaya, Nicolás, sí que te has tomado a pecho que te lleve la contraria. Para empezar, lo único que he hecho en mis mensajes es advertiros que enfocar todos vuestros esfuerzos a la política es una opción erronea, porque las cosas siguen igual que hace cuarenta años y durante otros cuarenta seguirán así. Porque el mercado y la situación canaria del libro son como son, y ya intentó mucha gente antes que tú, desde la época de los fetasianos, que la cosa cambiara, sin resultado.
En segundo lugar, eres tú el que te tomas a mal que haya gente fuera de vuestra asociación que no sienta empatía hacia ella, no yo. A mí me parece estupendo que exista la ACAE. Lo único que digo es que las cosas no van a cambiar. Vuestra forma de lucha es poética pero fundamentalmente inútil. Los jóvenes canarios no van a comprar más literatura canaria en los próximos años, los libreros no van a colocar nuestros libros en la parte de delante del escaparate, y los políticos, de conceder subvenciones, se las concederán sólo a unos pocos privilegiados que sean los que más les hagan la pelota en detrimento de los demás.
Nicolás, eres tú quien te has tomado mis sugerencias de que tiréis por otro lado con vuestra política como un insulto personal. Ten en cuenta que yo no he dirigido ninguno de mis mensajes específicamente a ti, cosa que tú sí has hecho a la inversa. Creo que, si bien yo he dejado claro que el politiqueo no me interesa y os he sugerido otra opción, tú has dejado claro que aquí, en esta casa, sólo hay espacio para una opinión: la tuya.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 18:00
Y si sueno pesimista, y crees que lo que digo son “delirios”, te escribiré un mail dentro de 10 años para que me cuentes cómo está la situación. Será un verdadero placer escucharte.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 19:06
Uf, me pasé con este último comentario. Lo siento. Venga, Nicolás, no te lo tomes tan a pecho, hombre. Mi opinión es simplemente distinta a la vuestra, pero eso no es malo. En eso se basa la democracia.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 24 Junio 2009, 19:37
No me he tomado a mal que opines distinto. Lo que me he tomado a mal es la falta de respeto que se destila del tono con que dices y lo que dices. “Escribid cosas más universales”, dices, “sed menos canarios”. Pero tú quién te crees que eres para decirle eso a todos los socios de la ACAE. Espero que los hayas leído a todos. Me temo que no. Y sí, me tomo muy a pecho, por lo que me toca, que me digas a mí que escriba cosas más universales y que sea menos canario. Los otros cien socios harán lo que quieran. Pero yo esos consejos, de sobrado, no me apetece consentírtelos. Así que me lo tomo como me lo tengo que tomar. Como una falta de respeto y de consideración. Ya te lo dije en el debate anterior, ningún buen escritor canario escribe nada menos universal que Rulfo, Tolstoi, Carver, Sciascia. “¡Rulfo, tío, eres demasiado mexicano!”, dirías tú. “Pero Joyce, colega, porque eres tan irish”. “Isaac de Vega, uff, demasiado canario!”. Qué significará eso de que seamos menos canarios. Falta de respeto, desconsideración por tu parte, prejuicio. A lo mejor estás equivocado respecto de tus colegas.
En cuanto a lo que dices de dentro de diez años, es muy probable que tengas razón. Yo soy muy escéptico. Por mucho que digamos, es muy probable que nada cambie, o que cambie muy poco. Mi escepticismo es inconmensurable. No te lo puedes ni imaginar. Pero acaso lo que no comprendas es lo profundamente reaccionaria que es tu postura. Decir que no es posible (con ese tono de adónde vas, pringado, que ese no es el camino), y regodearte pensando que no lo será. Seguro que si la asociación canaria de escritores consigue algo eres el primero que te apuntas a disfrutarlo.
Repito, lo que me ha molestado no es que opines distinto, aquí puede entrar quien quiera y opinar lo que quiera. Es más, animo a quien opine distinto a participar, por favor, es importante. Te recuerdo el principio de todo: “Las palabras que voy a pronunciar aquí, sobre la subsistencia de los escritores, no sé si serán certeras o no. Sigo el hilo de una argumentación de la que descreo tanto como de la realidad que parece haberse impuesto respecto de este tema”. Cómo me va a molestar que alguien opine distinto, si para eso es el artículo, para que le demos un par de vueltas al asunto, para debatirlo. Sé que he sido muy severo al dirigirme a ti, lo siento, pero no estoy dispuesto a pasar por alto tu irrespeto.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 20:01
Gracias mil por tu sinceridad, Nicolás. Y perdóname si mi forma de expresar las cosas es un poco irreverente. Así es como yo escribo, y sé de sobras que me he ganado muchas enemistades por ello. De todos modos, quiero decirte que mi postura no es la de querer ser irrespetuoso, sino la de intentar convenceros de que intentos como esta asociación ha habido muchos, y que todos han acabado en nada porque la industria en Canarias es así, y no hay vuelta de hoja. Mi postura no es que seais “menos canarios” en el sentido de menos comprometidos con vuestra tierra. Cada cual que escriba lo que quiera y ya le premiará o le castigará la historia. Mi postura es la de hastío ante la omnipresente frase “yo no voy a prostituir mi arte metiéndome en el circuito editorial porque las grandes editoriales son el demonio”. Esa opinión es la que nos mantiene anclados en los años setenta. ¿Acaso creéis que Antonio Gala sacrifica su arte por trabajar dentro del circuito editorial, haciendo aposta sus novelas “menos artísticas” para que se las admitan? Para nada. Trabajar en una gran industria es una forma de utilizar el mercado en tu beneficio para que tus libros lleguen a más público; ningún editor te dirá nunca “tu novela es demasiado artística, y por eso no te la vamos a publicar”. Todo lo contrario. Sé que te revienta que me ponga yo como ejemplo, pero soy de los pocos casos que conozco de autores canarios a los que les va de fábula en una gran editorial y por eso me nombro tanto. Porque no conozco más casos parecidos, aunque sé que los hay. Figueroa, sin ir más lejos, a quien espero tener la suerte de conocer en esta próxima Semana Negra.
Así que me voy a poner una última vez como ejemplo (lo prometo) y te diré que a mí nunca me han puesto cortapisas para publicar con ellos. Todo lo contrario, en su momento me publicaron Mystes, que es una novela de cf arriesgadísima y surrealista, y aunque fue un fracaso (por eso mismo) a nivel de ventas, el editor afirmó públicamente que había sido un gustazo para él publicarla por lo rara que era.
Por eso, Nicolás, mi postura va en contra de todos los que opinan que ingresar en el mundo editorial es “venderse” al enemigo, y les insto a que lo hagan. Creo que todos los esfuerzos que está haciendo la ACAE son maravillosos, pero como al final no van a dar fruto en un 99% de probabilidades, lo único que digo es que aprovecharíais mucho mejor este tiempo que invertís en la asociación escribiendo para el próximo premio Alfaguara. Nada más.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 20:06
Y si alguien opina que lo que yo sugiero es una utopía, que digo que ingresar en el circuito editorial es sumamente difícil y lo hago desde una postura de privilegio, no es cierto. Es relativamente fácil llegar hasta los despachos de planeta o alfaguara y ofrecerles tu material. Ahí tienes a José Luis Saorín, por ejemplo, que lleva vendidos varios miles de ejemplares de su libro en Edelvives. O a Jorge Benavides. El problema es un problema de mentalidad. De que todavía hay muchísima gente aquí que cree que publicar en Baile del Sol es un gran triunfo, y se paran ahí. No es que Baile del Sol esté mal, es una buena editorial, pero hay que tener más ambición. Pensar con mayor amplitud de miras. Y olvidarse de los políticos, leñe, que por ese camino no vais a llegar a ninguna parte.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 24 Junio 2009, 20:15
No había leído tu último comentario cuando colgué el anterior. Pero no importa, creo que también te he respondido a ese. Si tienes algo que debatir partiendo de una base distinta de la expuesta hasta ahora (que somos demasiado canarios y poco universales), estoy dispuesto a debatir sobre ello. Reconduzcamos el tema: argumentas que lo que tenemos que hacer es ingresar en el mundo editorial. Presentarnos a los premios de las grandes editoriales. Nada de lo expuesto aquí por mí ni por nadie excluye esa posibilidad. Reconoces que no vives de tus libros, a pesar de que haces el esfuerzo de agradar al mercado escribiendo aquello que más puede vender. En eso, das la razón a todo lo expuesto aquí. Y aún así nos recomiendas escribir “El niño del pijama a rayas”. Cuando ni a ti te ha servido de mucho jugar a esa lotería.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 20:33
El niño del pijama a rayas le ha granjeado un lugar en la historia de la literatura de su país a su autor, cosa que a ninguno le va a pasar aquí. Y es buena literatura, de la mejor que se está escribiendo ahora mismo. No niego que exploits como “el código Da Vinci” no sea un pestiño infumable, que sí lo es, pero hay muchos otros libros que sí triunfan y no son mala literatura. Ahí tienes a Paul Auster o a Geroge Martin, que hacen magníficos libros y sí juegan en primera división.
Comentario por Lucía Rosa González
Time: 24 Junio 2009, 20:34
Atinadas reflexiones, Melini, sobre el arte de la escritura tan vulnerable entre islas; no hay memoria en quienes las desoyen. Si hay manifiesto, lo suscribo. Aquello que se calla no hace historia.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 20:36
Yo sí que vivo de mis libros. No soy millonario pero sí que vivo de ellos, aunque eso me obligue a apretarme el cinturón para llegar a fin de mes. Con Mystes fracasé porque era una novela muy arriesgada, pero la puse como ejemplo de que los grandes editores están más que predispuestos a desechar lo comercial y a publicar lo arriesgado.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 21:13
Por cierto, Nicolás, ¿no vivirás por casualidad en Tenerife? Porque podríamos quedar para tomar algo y charlar de este fascinante tema largo y tendido.
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 24 Junio 2009, 21:27
Señor Conde tiene usted tremendo despiste con eso de la literatura canaria. Dígame usted qué es ser canario y narrador o poeta y su visión tan localista lo traicionaría. ¿Dejó Derek Walcott de ser antillano? Nunca y fue premio Nobel aportando a la literatuna universal su visión del mundo como antillano.¿ Acaso quiere usted decirme que Isaac de Vega o Rafael Arozarena son canarios sólo por que hablan de cosas de aquí. Relea Usted esas novelas, o léalas. Tengo la impresión de qué no sabe lo que dice. Además “fetasianos” no es ningún espot comercial, es un grito universal. ¿No sabe usted que Isaac de Vega se adelantó a Rulfo?¿ No sabe usted que el supercomercial realismo mágico llegó de Äfrica para América y que el surrealismo ya estaba en el folclore wolofí y senegalés en general? Yo sí que soy mis libros, luego existo.
La buena literatura siempre trinfará, eso está claro. Y yo no necesito que nadie me recuerde lo que tengo que hacer. ¿Usted nos recomendaría a esas grandes editoriales que dice? Lo dudo, le haríamos sombra, ¿verdad? Entonces, déjelo ya.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 24 Junio 2009, 21:49
Sinceramente, Víctor, me estoy aburriendo mucho. No me extraña que no entre nadie más a debatir. Al final, de la subsistencia de los escritores hemos pasado a hablar de Victor Conde y de los libros menos comerciales que ha escrito. Para no ser socio de la ACAE y considerar que la asociación no tiene nada que hacer pones mucho empeño en estar aquí. Si leyeras con atención, sabrías donde vivo y tampoco habrías planteado vernos.
Pido disculpas.
Comentario por Víctor Conde
Time: 24 Junio 2009, 21:54
Vaaaale, sorry, ciao.
Comentario por Víctor Conde
Time: 25 Junio 2009, 12:19
Bueno, gente, siento mucho haberos dicho unas palabras tan duras. Es que entré para ofreceros una alternativa que pensaba que os podía servir de ayuda si no a todos, sí al menos a una parte de vosotros, y os lo tomásteis muy mal. Puede que mi forma de expresarme contribuyera a ello, porque sé que tengo la mala costumbre de ser demasiado directo, y esa franqueza, a través de internet, puede parecer desagradable. Todos sois grandes escritores, pero hemos tenido la mala suerte de encontrarnos con un panorama editorial adverso que se come a los que no se adaptan (y a éstos muchas veces también). Por eso os pido disculpas por haber ocasionado este mal rollo y os deseo toda la suerte del mundo. Ojalá triunfes con tus poemas, Antonio, en serio. Y tú también, Nicolás. Y ojalá la ACAE siga existiendo por muchos, muchos años, y sirva de puente no solo para los viejos, sino también para la gente joven que empieza a despuntar. Un abrazo.
Comentario por dunia sanchez padron
Time: 25 Junio 2009, 17:01
Que artículo tan acertado eh. A mi me pasa mucho, cuando estoy escribiendo me dicen no tienes que hacer esto o lo otro. La verdad lo que se describe en este texto es la pura realidad.
Saludos
Comentario por Luis León Barreto
Time: 25 Junio 2009, 17:06
Nicolás: agradecerte como siempre en nombre de la ACAE tu entusiasmo, tu capacidad de análisis, tu generosidad y entrega a la causa. Alcanzar los 40 comentarios no está al alcance de cualquiera, y tú has conseguido revitalizar el blog. Chapeau!
Comentario por Nicolás Melini
Time: 25 Junio 2009, 18:16
Gracias, Luis, aunque, de verdad, no creo que sea para tanto. La mayor parte de los comentarios son míos. Y lamento de veras tener que decir ciertas cosas en determinados tonos. No creo que sea bueno para nacie. Y para el que menos, probablemente, para mí.
Creo que de lo que se trata es de dar contenidos a la asociación. Que reflexionemos sobre lo que puede o no estar en juego.
Un abrazo y ánimo.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 25 Junio 2009, 18:21
Después de esta pequeña crisis…
Me comenta un amigo novelista, residente en Madrid, donde además se gana la vida como editor en una de esas editoriales de referencia (y no diré su nombre porque si él quiere puede entrar aquí y decirlo) que la pelea más importante que habría que librar es la de conseguir el 25 % del negocio para los autores. No el 10, no el 8, el 25 %.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 25 Junio 2009, 19:08
Existe Cedro, una entidad de gestión que recauda para los autores sus derechos reprográficos, o sea, derivados de la posibilidad de que los textos publicados sean reproducidos, fotocopiados, impresos de internet, etc.
Los autores se registran o asocian (no hay que pagar nada, lo digo porque siempre me lo preguntan: cuánto hay que pagar. Nada), y cuando corresponde en el transcurso del año reciben un cheque de Cedro por sus derechos reprográficos.
Se está produciendo la absurdidad supina de que muchos autores reciben menos dinero de las liquidaciones de sus editoriales que de las liquidaciones que realiza Cedro. Esto es, menos dinero por el 8 o el 10 % de la venta de sus libros que por los derechos reprográficos (que vienen a ser algo así como los derechos de los escritores “por la sola posibilidad de que a alguien se le ocurra alguna vez imprimir o fotocopiar un texto suyo”) Absurdo, repito, de toda absurdidad. Además, Cedro te hace un seguro de vida modesto y (no recuerdo bien) no sé si la posibilidad de hacerte los ojos o los dientes y prestaciones sociales a partir de ciertas edades.
En resumen, mucho más que cualquier editorial.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 25 Junio 2009, 20:14
Algunos lectores canarios opinan que los escritores canarios son demasiado canarios. A otros lectores canarios les gustan los autores canarios porque son muy canarios (y eso es patria).
Ya lo he contado alguna vez. Varios autores canarios nos encontrábamos en la universidad de Bucarest, Rumanía, discutiendo sobre lo canario de los escritores canarios, lo canario para arriba, lo canario para abajo, cuando intervino nuestro anfitrión, Coman Lupu (traductor de Los Puercos de Circe, por cierto), y dijo que por mucho que quisiéramos, cuando se nos leía desde fuera, no se nos apreciaba ninguna diferencia con el resto de los autores en lengua española. Que éramos lo mismo que todos los demás. Escritores que escribimos en español. Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Luis Alemany, Luis León Barreto, todos. Vistos desde fuera, la misma cosa que Cortázar, Juan Bonilla, Edmundo Paz Soldán, Gonzalo Rojas, Jorge Eduardo Benavides… Escritores en español.
Es evidente que todos estos autores tienen sus respectivas “nacionalidades”, y que, en muchos de sus trabajos, su “nacionalidad” aparece, está ahí, tan presente como lo está Canarias en los trabajos de los canarios; pero cuando los leemos, no es eso lo que importa, no es eso lo primero que vemos, acaso no sea eso lo universal.
Hace poco, un hispanista francés realizó un trabajo sobre mí. Se trata de Jacques Soubeyroux, ex presidente de los hispanistas franceses. Me presentó en Lyon el año pasado. En su trabajo, recorre uno a uno todos mis libros y mis cortometrajes. La única vez que menciona que soy canario es en la primera línea, entre paréntesis, junto a la fecha de mi nacimiento.
Imaginemos un trabajo sobre la obra de –por ejemplo— Vargas Llosa, en el que se mencione cada poco su condición de escritor peruano. Perú para arriba, Perú para abajo. Me atrevo a decir que se trataría de una visión, incluso, racista; por obtusa y limitada.
Todo esto que digo creo que tiene una cosa muy buena. Podemos respirar tranquilos, da igual lo “canarios” que sean nuestros textos, lo que importa es lo universal que haya en ellos. Lo mismo que a un lector canario le gustará o no precisamente por eso, fuera de las islas no tendrá importancia en absoluto.
¿Acaso lo universal de Fetasa es que se trata de una novela canaria, que tiene lugar en Canarias, o lo universal que hay en ella es, entre otras cosas, el tratamiento de un tema como Orfeo, el Atlántico como laguna Estigia?
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 25 Junio 2009, 23:02
Cuando entendamos realmente quiénes somos podremos llegar a donde queramos. El escritor canario ya no es un Polifemo amarrado a la roca del aislamiento. Entendemos que nuestro sentimiento del mar conecta con el que tienen en otras lalitudes presentes y futuras.El mar de Homero es el de todos y nuestra travesía sea la suya. Porque la Literatura, aparte de universal debe ser, como dice Jorge Rodríguez Padrón, comunión, debe conectar todos esos sentimientos encontrados en cualquier punto del planeta y de cualquier nacionalidad y lengua.
Pero, ¿cómo vamos a apreciar la casa del vecino si no valoramos la nuestra? He ahí la cuestión, que no el dilema.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 25 Junio 2009, 23:30
Estoy más que encantado por el nivel, la seriedad y el rigor de las argumentaciones. Evidentemente, si me dicen que para ser universal debo escribir acerca de Vietnam me parece que por ahí no iré. Creo que en la literatura escrita en Canarias hay piezas de suficiente nivel, calidad y universalidad como para tener que recordarlas a todas. Como dice Antonio Arroyo ¿cómo vamos a apreciar la casa del vecino si despreciamos la nustra? Ya está bien de complejos de inferioridad y de maniqueísmos pasados de rosca.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 25 Junio 2009, 23:44
Amigo Víctor Conde: permíteme que te haga una pregunta indiscreta. ¿Por qué no metes tus neuras en la nevera de tu casa y dejas en paz a estos gilipollas de la ACAE que nunca llegaremos a la altura de la suela de tu zapato? ¿Por qué no practicas en la soledad de tu ordenador tus masturbaciones mentales? ¿Por qué no te olvidas de nosotros una temporadita? ¿Por qué no te dedicas a ganar el premio Planeta para que llegues a ser tan universal y propongas una tan excelente literatura como la de Vázquez Figueroa por ejemplo? ¿Por qué no te vas con la música a otra parte? ¿Por qué no dejas de comportarte como el típico godillo con complejo de superioridad?
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 26 Junio 2009, 0:35
Luis, lo peor de todo esto no es el de los godos. Lo peor es que ahora nosotros tengamos que serlo (más bien alguno de los nuestros). No hay peor tirano /que un esclavo con un látigo en la mano, dice el cubano Nicolás Guillén. Un gran amigo me comentaba hace poco que “maúro”, “mago”o “majo” no significan “persona que vive en el campo”. Nuestros campesinos tienen buena noción filosófica, saben del temp pardu más que Poust, sueñan con nuestro paisaje y dialogan con él. ¿No has visto nunca a ninguno mirando la lejanía, esa mirada, ese razonamiento intrínseco? Seguro que sí. Mago se le decía a aquel que imitaba al godo: si éste era tirano, soberbio…aquél aparte de esto era PATÉTICO. Pero aquí el caso que nos ocupa va más lejos: hay una tribu “literaria universal” que nos quiere colonizar o sobrecolonizar con sus bravatas mercantilistas y neoliberales (soma, soma para el pueblo). Nuestra literatura, la de verdad verdad ni tiene ese complejo de superioridad ni el llamado síndrome del colonizado que es la autocomplacencia, le decía hace un mes a un amigo vasco con tanta convicción que me pidió disculpas de corazón, de poeta a poeta.
Nicolás, también estoy de acuerdo contigo, no tenemos complejos de llevar nuestra voz a cualquier punto. Ojalá a China. Nos entenderán porque somos auténticos. Los entenderemos por la misma razón.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 9:08
Hola Luis. Bueno, parece que os encanta insultar para dar rienda suelta a todo ese mal rollo que llevais dentro. Como yo en ningún momento os he insultado a vosotros, voy a seguir tratandoos de una forma que eluda los epítetos del tipo “godillo”, “patético”, etc.
En primer lugar, yo nunca os he echado en cara que uno publique en una editorial mejor que otra. Lo único que os he sugerido es que hace falta un cambio de actitud para que la gente que publica ingrese dentro de un mercado que es muchísimo más agradecido que el de las editoriales pequeñas de aquí. Si relees todos los mensajes anteriores, te darás cuenta de que fueron Nicolás y Antonio los que empezaron a insultar y a interpretar mis mensajes como que yo os estaba echando en cara que erais “menos” que los que publican con editoriales grandes.
Sigo pensando, a pesar de vuestra cerrazón y vuestros insultos, que aunque Fetasa es una maravilla de novela, si salís fuera, a la calle, y preguntais a cualquier persona “oye, ¿te sientes fetasiano?”, os responderá “¿fetaqué…?” y puede que hasta se mosquee por el epíteto. Los grandes valores de la literatura canaria sólo los conocen a nivel popular los que hemos estudiado literatura o nos gusta este arte, pero a nivel de la calle esos “gritos universales” que dice Antonio, esas grandes novelas que marcaron época como Fetasa, sólo las recuerda una de cada mil personas. Eso es porque toda esta enorme creatividad y este tremendo poder para fabular que encierra la literatura canaria se escuda del gran público y no puede llegar a él porque desde los años setenta, los autores canarios nos hemos mantenido encerrados en un circuito pequeño y ombliguista de publicaciones autóctonas.
Las nuevas generaciones de autores canarios puede que no vean su forma de escribir tan encorsetada como la de las antiguas. Es decir, que porque somos canarios nos centramos tanto en escribir sólo sobre nuestra tierra y sobre nuestras gentes que parece más un corsé creativo que un campo arado sobre el que cultivar ideas. Yo no sé qué edad tienes, Luis, ni con qué editoriales sueles publicar tus libros, que seguro que son fantásticos, pero estoy seguro de que tu forma de pensar es la misma que ha imperado en Canarias desde hace lustros: el autor como cruzado impenitente viendo su obra como Arte con mayúsculas y enfrentándose al malvado y corrupto sistema que quiere subyugarle. Por eso, si te apetece, puedes seguir insultando y refugiándote en el consabido “ese godo que me infravalora” tan típico de nuestra tierra. Pero lo cierto es que lo único que yo te estoy sugiriendo es que si la industria del libro española pasa olímpicamente de nosotros, como siempre ha hecho (y que el 90% de los autores de esta tierra publique en Ediciones Idea y similares es síntoma de ello), no es porque no tengamos talento. No es porque no sepamos escribir bien. Es porque los temas que tratamos no les interesan un carajo, ni a ellas ni al gran público en general.
Puedes seguir demostrando, pues, tu calidad como persona refugiándote tras la fachada del canario herido, o podemos debatir esto tranquilamente. Los pros y los contras. Yo he tenido la suerte de que los temas sobre los que me gusta escribir (el fantástico, el terror, etc) son temas mucho más comerciales hoy en día (fíjate que digo comerciales, no artísticos ni mejores que el mainstream que practicais vosotros) y por eso he ido metiendo una cuña en el mercado. Lo que estoy tratando de defender, la idea principal, es que si bien escribir como siempre se ha escrito en Canarias hasta la fecha os hará ser mas “auténticos” como dice Antonio, adaptarse a otro tipo de novelas más en boga hoy en día no os “colonizará” (otro término de autoculpabilidad), sino que os expandirá los horizontes y os hará más conocidos en todo el mundo.
Fíjate en un ejemplo de esto: hay muchos canarios que todo el mundo admira y que en cuanto tuvieron la oportunidad de salir de las islas y hacer cosas distintas, aprovecharon esa oportunidad. Los cineastas Juan Carlos Fresnadillo y Elio Quiroga son un vivo ejemplo de ello. Yo he visto campañas publicitarias que hablando de Fresnadillo (con quien trabajé en su primer corto, por cierto, aquel que fue nominado a los oscars, en un puesto menor) como un gran orgullo canario, un canario universal, etc. Si os poneis a visionar su obra, os dareis cuenta de que nunca ha usado actores canarios ni tratado temas de su tierra. Esposados, su primer corto, tenía a Anabel Alonso como protagonista y a otros dos actores peninsulares. Después de eso hizo una película ambientada aquí pero protagonizada por Max Von Sidow, y una de zombis a la sombra del luego oscarizado Danny Boyle. El caso de Quiroga es similar, con una película protagonizada por actores canarios que fue un sonoro fracaso en taquilla y otras dos que ya le han integrado en el mundo del cine peninsular plenamente. Pero como ahora Fresnadillo ha estado orbitando la fábrica dreamworks y demás, la gente se siente orgullosa de tener un canario universal dando vueltas por ahí fuera.
Es una doble moral. Esa gente se desligó de los vínculos con su tierra en su obra artística y, como triunfaron, todos los canarios olvidan ese “pequeño” detalle y los adoran. Porque trabaja con Spielberg. Sin embargo, yo tuve una vez una conversación con Fresnadillo, en su productora, donde me aseguraba que si uno quería triunfar tenía que desarrollar su arte fuera de las fronteras de Canarias a la fuerza, que era lo que él había hecho. Yo ahora os digo este mismo principio a vosotros, atreviéndome a decirlo en voz alta, y os lo tomais como una chulería y un intento de colonizaros por parte de un malvado godo. En fin.
Ea, ahora os dejo el turno de réplica para que me sigais insultando, venga.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 9:21
Por cierto, Luis, “los espiritistas de Telde”, muy buena novela. Recuerdo que la leí es su día y todavía la tengo que tener por aquí, por mi casa. Es una novela de temas canarios pero que la publicaste dentro del circuito editorial general. ¿Veis? A eso es a lo que me refiero.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 9:43
Por cierto, otra cosa que se me acaba de ocurrir. El que haya gente que sale fuera de las islas para publicar sus libros es, en muchas ocasiones, una obligación. El mercado canario del libro no sólo es limitado en número de compradores, sino también en temática. Yo me pasé bastantes años dando vueltas por las distintas editoriales canarias con mis libros bajo el brazo, intentando que alguna me los publicara en correctas condiciones. Pasé por Baile del Sol, por el Centro de la Cultura Popular, etc. Y todos ellos me dijeron que no me los podían publicar a menos que nos concedieran una subvención porque era un tipo de libros que no les interesaban.
Así las cosas, tuve que coger el material y enviarlo fuera. Consecuencia: dos nominaciones al premio Minotauro en mi segundo año de publicación. Con esto no quiero decir que los canarios no valoren la ciencia ficción o la fantasía, por ejemplo, sino que publicar esos géneros aquí es una cruzada condenada al fracaso. Félix Díaz, al que tuve el placer de conocer en la feria del libro, publicó una novela de cf hard con Idea y, según me dijo, se la compraron básicamente sus familiares y amigos. Aparte, una portada horrenda y un texto de contraportada donde la editorial casi que pedía disculpas por publicar cf, como si fuese algo de niños chicos.
Con este panorama, es lógico que la gente que ve enfocada su creatividad hacia otros campos en los que Canarias es una tierra yerma, busque mejores pastos donde plantar sus semillas. Como Figueroa, por ejemplo. Puede que a vosotros os parezca que lo que él escribe es una mierda y es subliteratura, pero al menos a él lo adora la gente la calle, gente que lee sus libros porque creen que les aportan algo.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 14:44
Victor, yo no celebro que haya subido el tono de esta conversación, si bien es cierto que hay cosas que según se planteen pueden resultar muy ofensivas, y mucho de lo que has dicho aquí es bastante más ofensivo que la mayor parte de los insultos que pudieras proferir. Con palabras fuertes o sin ellas, me temo que aquí quien más ofende, con diferencia, eres tú. Tampoco creo haberte insultado, aunque sí creo haber transmitido que tus ideas me parecen insultantes. Y eso no es una interpretación, no creo haberte mal interpretado, se destila claramente de tus palabras. Lo triste es que ni siquiera atesoras la lucidez suficiente para darte cuenta, y vuelves sobre lo mismo. A transmitir una y otra vez la misma idea. Prejuicio, menosprecio, clichés, maniqueísmo… “¿¡Fetaqué!?”, dices. Eso es más insultante que cualquier cosa que se pueda decir de ti. Para empezar, insulta a la inteligencia, porque si sales a la calle y le preguntas a la gente por el neorrealismo, la generación del 50 o dogma 95 tampoco sabrán lo que es. “¿¡Dogmaqué!?”. Y sin embargo pretendes que abracemos ciegamente el “canon universal” de esa ignorancia, que nos entreguemos a la adulación intelectual y creativa de los que más ignoran, que escribamos El niño con el pijama a rayas y cualquier cosa que pudiera obtener el favor del suficiente número de personas como para obtener un buen número de ventas y vivir de ello. Y los limitados somos nosotros, mientras tú practicas la dictadura del “tanto vendes tanto vales”: empobrecedor, paupérrimo, pueril. El limitado es Nicolás Melini, Luis León Barreto, Antonio Arroyo Silva (y, aunque no los hayas leído a todos, el resto de los asociados de la ACAE, porque tú no necesitas ni saber dónde publica León Barreto para emitir juicios generales sobre toda la literatura que se escribe en Canarias); los limitados son, en definitiva, los otros. Tú no.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:27
Aaaahhh… ahí es donde equivocas mi planteamiento. Idenfiticas mi sugerencia de ser más comerciales con rebajar el nivel artístico de nuestras obras. Falso. Se puede ser artístico y comercial a la vez, sin eliminar calidad en favor de comercialidad.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:30
Y yo ya había despedido esta conversación hace un par de mensajes, que conste, pidiendo disculpas por mi forma en principio agresiva de exponer los temas y deseándoos suerte con la asociación. Si volví fue para contestar a vuestros arranques de cólera y vuestras floridas interjecciones. No es mi intención alargar esta por otro lado fatua discusión hasta el infinito (porque está visto que mi punto de vista no os mola nada), pero tampoco, como comprenderás, puedo dejar que alguien que se tiene a sí mismo por literati y presidente de este colectivo pierda los estribos y comience a lanzarme epítetos que yo no le he lanzado a él primero.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 15:37
Sí, claro, y si publicas una novela “con temas canarios”, como tú dices, en Canarias, “¡hay que ser menos canarios!”, y si la publicas en la península, “¡veis, a eso es a lo que me refiero!” ¿Pero tú te has escuchado?
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 15:41
“Es una novela de temas canarios pero que la publicaste dentro del circuito editorial general”.
Jesús, qué manera de medir la calidad de las cosas.
Cuando no es Fetaqué es el circuito editorial general.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:43
Sí, Nicolás, pero es que ese es el núcleo de mi propuesta: ser más comerciales e ingresar en el circuito editorial (¡usarlo en nuestro beneficio!) para que nuestro arte llegue a más gente. Luis lo hizo muy bien al escribir una novela amena y entretenida, ambientada en Canarias, cuyos personajes y aventuras llegaron hasta el público de la península gracias a la editorial valenciana. A eso me refería yo desde el principio de toda esta movida. A que se puede ser comercial, ya escribas sobre Canarias o sobre las Cruzadas, sin perder calidad, y a que nuestro objetivo como autores tiene que ser no quedarnos en el circuito insular. Como ha hecho Fresnadillo, si quieres un ejemplo palpable.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:44
Coño, Nicolás, sabes perfectamente a qué me refiero. No te hagas menos listo de lo que eres, por favor. Lo que yo llamo “el circuito editorial” es aquel que tiene una amplia distribución por todo el territorio nacional.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 15:45
No escuchas, no registras. Se te dice que a lo mejor entre los ciento y pico escritores que hay asociados en la acae hay un grandísimo número cuya obra no se corresponde en absoluto con la visión que tienes de ella sin haberla leído y sigues erre que erre.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:48
Ok, ok, vale, tienes razón en eso. No he leido mucha de la literatura que escribís. He leido una poca y me parece estupenda, por eso siento que se “pierda” (es un decir, por eso lo entrecomillo) y no gane los premios que merece. Por eso me hubiese gustado que Luis ganase un Planeta con su novela sobre las espiritistas, o un Edelvives.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 15:49
Tampoco escuchas, ni registras, que aquí se plantea un debate, el de la subsistencia de los escritores, y que a los problemas que se describen no escapan los autores que están publicando en el circuito editorial general, con distribución por todo el territorio nacional. (empleo tus palabras para ver si así lo escuchas, lo registras)
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 15:52
No me digas que yo no registro cuando eres tú quien pone palabras en mi boca que no he pronunciado. No sé de dónde habéis sacado que yo me siento mejor que vosotros por publicar en un sitio o en otro. Yo no soy socio de la ACAE, es cierto, pero conozco a varios miembros y por eso entré en el debate, para proponeros un sistema con el que a mí me había ido muy bien, por si alguien quería aprovecharlo. Y de hecho, que yo viva de mis novelas es un ejemplo claro de lo que se debate aquí: se puede subsistir de la literatura simplemente con las ventas de tu obra.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 15:54
Y me estás recordando mucho algunas personas con las que me he topado en la vida, que primero se ponen groseras, farrucas, para llamar tu atención, y luego vienen a pasarte la manita y adularte.
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 26 Junio 2009, 15:56
Señor Gustavo no-sé-qué anónimo. Se equivoca usted de apellido, creo. Mi apellido nada tiene que ver con cierta pléyade política canario-oriental. Me insulta usted sin conocerme, con su letra fácil bloguera. No le voy a relatar mi intimidad, pero sepa usted que no pertenezco a ninguna élite literaria, precisamente a eso me refería con su frase extraída o sacada de contexto. Yo soy palmero de familia humilde que estudió en La Laguna con beca. Y a este palmero humilde y sencillo le ofrecieron un puesto entre esa “élite” intelectual.Y me negué No me van los corrillos imtelectualoides, ni tampoco los enanismos mentales. Si a usted no le gusta la poesía me parece bien, si le gusta la poesía y no la mía es usted muy dueño. Y que conste que no me he encerrado en ninguna torre de cristal. Por cierto, no tengo poco pelo, ¿y usted? ¿Por qué no me nombra a Isaac Asimov o al menos a Marcial Lafuente Estefanía?
Víctor Conde, sé que tiene un blog propio y todo eso. Lo felicito por su éxito, siga en su empeño mientras dure. Me parece bien.Pero quédese en él, y basta de consejitos amabiliodes (le regalo el neologismo). Quédese en su corrillo que aquí no hay ninguno. Fabrique una religión para todos los frikis del mundo, como dicen algunos que hizo Herbert con Dune, un intento de unificación de todas las religiones. Por cierto, cuando pasó la fiebre de estos autores que cito, algo leí de ellos( Herbert y Asimov) y claves vi. ¿Cuando se pase la fiebre de usted ocurrirá lo mismo con sus libros?
Y por último le digo que “patético” se refería a un dato simplemente antropológico.No coma ajos Creo o tengo entendido que Asimov y Herbert sabían mucha Antropología. Haga usted lo mismo, igual vende. Y de paso estudie un poco la antropología del canario, a ver si vende por aquí
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 16:02
Nunca he querido ir de grosero (aunque reconozco que sí lo fui al principio, sorry), y ya pedí disculpas por ello. Por eso he bajado el tono. Si te fijas, Nicolás, mi discurso no ha variado un ápice desde el principio, y mis propuestas son las mismas. Yo no entré aquí diciendo que vuestra literatura fuese mala, y te invito a que encuentres la línea de diálogo donde lo dije. Fuiste tú quien interpretó mis consejos y mi pesimismo sobre la ACAE como un rasgo de chulería, y Antonio el que empezó insultándome diciendo que yo no había leido a los clásicos canarios, etc. Desde el principio yo siempre, siempre he pensado que en esta asociación se reúne gente que escribe de fábula. Pero parece que de mis mensajes iniciales, lo único que escuchaste tú fue “yo soy mejor que tú porque publico con planeta” y te ofuscaste, sin querer escuchar nada de lo demás.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 16:15
Y ahora eres la víctima… Vaya, qué pena.
Si quieres vamos al artículo anterior, el del clientelismo, que también se encuentra aquí, y vemos tu descripción de la literatura canaria como “gueto”. Ya había escuchado suficiente.
P.d. observo con estupor que allí donde decía que no me extrañaba que no entrase nadie a debatir hay comentarios nuevos, que aparecen ahora. Gracias por los comentarios Gustavo (alias Victor Conde el fontanero: podrías remitir a las críticas demoledoras que también se encuentran en la red, “googleando”, sobre su obra) Yo he tenido la decencia de no mencionarlas aquí. Pero ya que tú refieres las positivas, Gustavo… Y gracias Lucía, Dunia y Rafael. Lo siento, acabo de descubrir los mensajes.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 16:27
Tampoco registras que ya se te ha dicho, por activa y por pasiva, que lo que llamas tu propuesta, ingresar en el circuito editorial general, no queda excluida por nada de lo que se ha dicho aquí. Nadie ha animado a no ingresar en el circuito editorial general. Nadie ha dicho que no se deba de ser ambicioso a la hora de escoger editorial. Presupones que, no sólo yo, sino todos los socios de la Acae, no nos planteamos siquiera la posibilidad de publicar en el circuito editorial general.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 16:45
Y estimo que todo lo que se ha dicho aquí sobre la subsistencia de los escritores (posibilidad de becas para proyectos concretos, un mayor compromiso de la industria del libro con quienes les suministan la materia con la que comercian, la potenciación de una industria paralela;bolos), todo ello, te vendría muy bien también a ti, incluso aunque “ya” seas capaz de vivir de tus libros.
No necesitabas oponer ninguna visión. Lo que has hecho no es un discurso alternativo.
Por qué has venido aquí. Para promocionarte. Has venido a decirle a los socios de la Acae que eres el único escritor canario (”¡no conozco ningún otro!”, has dicho, que pueda vivir de sus libros.
Quieres que te hagamos la ola. Y va a ser que yo, no.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 17:23
Has venido a promocionarte.
HAS VENIDO A PROMOCIONARTE.
Estimado Víctor Conde, Alias el fontanero, has venido a promocionarte.
Espero que comprendas que me ha costado mucho trabajo pensar y exponer todo lo dicho aquí sobre la subsistencia de los escritores, escribir más de 20 páginas sobre el tema.
No me gusta que me utilicen.
No has planteado nada alternativo. No necesitabas oponer ninguna visión. Has venido a promocionarte.
Además, nos instrumentalizas.
Espero y deseo que el tiro te salga por la culata.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 17:27
Contrá, qué cambio de actitud. Ahora estábamos acercando posturas y de repente, este cambio radical. ¿A qué ha venido? ¿Y qué es eso de “el fontanero”?
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 26 Junio 2009, 17:39
Bravo, señor conde, ha inventado la heteronimia y la ha aplicado a las nuevas tecnologías. Un fontanero galáctico para insultar a un bobilín de poco pelo de Acae. ¿Es ficción o realidad? Me parece recordar a cierto personaje deambulando ciertas calles y barriendo la acera de ciertas personas. ¿Es ficción o realidad?No sé sus gustos literarios, por eso he dicho “relea o léase”. Y ya que también va de fontanero, cierre el grifo de su grandielocuencia, haga mutis y siga deambulando por sus galaxias y sus castillos llenos de horror. Lo siento, no hago libros para jugar.
Gracias, Nicolás por el desvelamiento. Disculpen, compañeros mi ingenuidad.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 17:42
Creo que pensais que he entrado con otro alias y he dejado un mensaje que os ha molestado mucho. Meteros con privilegios de administrador en el sistema, buscad la IP de esos mensajes y veréis que de mi ordenador sólo han salido los que he firmado como “Víctor Conde”.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 26 Junio 2009, 17:57
Explicación no pedida, Victor.
En literatura hay un principio fundamental, incluso en la más fantástica y de terror, el principio de verosimilitud.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 26 Junio 2009, 18:54
Hacía tiempo que no me entretenía tanto, y que eso suceda en la web de la ACAE demuestra que estamos vivos y bien vivos
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 19:22
Je je, la verdas es que sí, Luis. No, en serio, Nicolás: no sé qué mensajes pueden haber llegado a la lista, pero podeis comprobar las IPs para ver que todos, todos los mensajes que yo he escrito, donde están mis reflexiones y las contestaciones a las vuestras, las he firmado siempre como Víctor. Puede que haya sido un lurker, pero mis ideas, sean acertadas o erroneas, radicales o moderadas, siempre, siempre las firmo con mi nombre.
Y es una verdadera pena que esto acabe así, Nicolás, porque hasta hace un minuto me estaba alegrando mucho de que por fin estuviésemos estableciendo una lucha dialéctica, razonando cada cual su postura, y de repente… este cambio a peor.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 19:24
Y te doy la explicación, aunque no la pidas, porque me alegraba estar dialogando y no voy a asumir como míos unos mensajes que un tal “fontanero” haya firmado a mi nombre, con todo lo negativo que eso conlleve, lo siento. Yo tendré unas ideas muy especiales, pero nunca digo mentiras.
Comentario por Víctor Conde
Time: 26 Junio 2009, 19:52
Bueno, en fin, que no vamos a alargar esta discusión eternamente. A partir de ahora me desconecto. Si alguien quiere seguir hablando o discutiendo, estaré en mi blog o en mi dirección de correo, y si queréis podéis transcribir todo lo que digamos aquí. Lo dicho, un abrazo a todos y mucha, mucha suerte en el futuro. Luis, ojalá ganes el Planeta, porque los espiritistas es una novela cojonuda.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 27 Junio 2009, 12:49
Ha sido una buena experiencia. Organizarnos y cohesionarnos para negociar mejor con los editores, con los distribuidores y los libreros es la cuestión clave. Por cierto: con lo del libro digital se avecina otro debate. Según Eugenio Mambrilla, compañero de la ACAE que dio una charla en la Feria del Libro de Las Palmas y también en la de Santa Cruz de Tenerife, señala que con el libro digital llegaríamos a cobrar ese ansiado 25 por ciento del que se habla. El libro digital prescinde de distribuidores y casi de libreros. ¿Será posible tanta maravilla? Claro que este asunto está todavía en pañales en nuestro país, no así en EEUU, Reino Unido y Alemania. Lo triste de todo esto es que el editor siempre parece nuestro enemigo natural. ¿Cuánto le costó a Galdós recuperar sus propios derechos? Empeñó su fortuna, tuvo que vender sus casas y acabar refugiado en la casa de su sobrino, para poder editarse él mismo sus obras.
Comentario por Antonio Arroyo Silva
Time: 27 Junio 2009, 16:13
No tan en pañales, Luis, Publidisa ya le está pidiendo a las editoriales que pongan sus catálogos en read on time. De momento no todas las editoriales creo hacen caso omiso al asuntos. Que yo sepa sólo las “pequeñas.”En read on time, no sé mucho, pero me han informado, se ganaría más y el mercado estaría mas abierto, y sin gastos de distribución. Y de ahí a lo que tú dices hay un pasito corto. Si esos distribuidores y editores no se ponen las pilas, al final Publidisa va a globalizar el mercado hispanohalante, también dijo el señor Mambrilla.. Al final van a ser los escritores los que le van a dar ese 8% a los editores por hacer los pdf, que también podríamos hacerlos nosotros.
Comentario por Paula Nogales Romero
Time: 2 Julio 2009, 17:42
CITO del artículo de Nicolás:
“Más de un “escritor de verdad” se acogería, si pudiese, a la pensión que pudiera recibir un discapacitado, o una persona con un problema mental (¡sí, estoy loco de escritura, no puedo tomar un empleo!), para poder dedicarse a escribir.”
Te juro que leía el artículo de opinión con el deleite (y aprovechamiento) que se merece , a veces de acuerdo, a veces con dudas. Pero fue leer esto y se me abrieron las carnes. No pude terminarlo (prometo hacerlo en otro momento).
Según varias antologías, diccionarios, enciclopedias, temarios oficiales de literatura canaria y otras yerbas, soy “oficialmente” escritora, y eso que salgo poquísimo de casita. Pero también soy madre de una niña con un trastorno del espectro (qué miedo) autista y presidenta de una ONG, ASPERCAN - ASOCIACIÓN ASPERGER ISLAS CANARIAS (otro trabajo en el que se curra muchísimo y no se cobra nada).
¿Qué hago, Nicolás? ¿Qué hago?
Asuntos sociales o cultura.
Cultura y sociedad.
Sociedad culta.
Se aceptan sugerencias.
Comentario por Pablo Martín Carbajal
Time: 5 Julio 2009, 17:41
Leyendo el interesante debate que se ha producido a raíz de la publicación de este blog, y que plantea por qué todos los agentes que intervienen en el mercado del libro viven de los libros salvo el escritor, me atrevo a comentar estas impresiones (que por otro lado son obvias y ya se deducen del debate aquí realizado):
1. Los libreros, los distribuidores y los editores ganan dinero con el libro porque cada uno de ellos vende muchos libros, en cambio, el escritor sólo vende un libro (el último que haya escrito, o a lo sumo, cinco o seis libros que pueda tener un autor). En definitiva, los tres primeros venden a lo largo del año muchísimos libros, cientos, miles, y los escritores apenas uno, tres o cinco. Los clientes de los tres primeros son todos los que compran libros, los clientes del escritor son sólo los que compran su libro.
2. Los libreros, distribuidores y editores, tienen unos costes que son necesarios cubrir para que pueda existir la actividad económica que realizan (además de los costes de mantenerse ellos mismos): almacenes, ediciones, personal, tiendas, etc. El escritor en cambio sólo tiene que cubrir los costes de mantenerse él mismo. El escritor puede escribir si no tiene ingresos por el libro (es lo que sucede). Los otros tres no pueden siquiera existir sin unos ingresos que sufraguen: a/ los costes de su actividad personal, por tanto, tienen que generar los ingresos que sufraguen los gastos de mantenerse ellos mismos (igual que el escritor), b/ los gastos de mantener su actividad económica (muchos más que el escritor).
3. Existe un exceso de oferta de escritores, las editoriales están colapsadas de autores que quieren publicar sus novelas, no sólo de autores noveles, también autores que han ganado premios y han tenido un cierto reconocimiento se encuentran con problemas para publicar. Cuando existe tal exceso de oferta de escritores, los precios a los que venden esos escritores (8 o 10% del contrato editorial) bajan, o al menos, no suben (otro reflejo de esto es que a otros escritores incluso le piden dinero por publicarles).
4. Por tanto, en la cadena de valor del mercado del libro (el ingreso que se genera en todos los pasos que van desde la creación de la obra hasta que el libro llega al consumidor), el eslabón más débil (o el que genera menos mercado), es, paradójicamente, el que crea la obra, y por eso es el que menos gana. En el fondo se trata de vender libros, y el mercado funciona así.
El resultado es que al final editores, distribuidores y libreros que venden el libro del escritor pueden salir económicamente adelante, no así el escritor (hablamos lógicamente de que quizás sólo un 5% de los escritores pueden vivir de sus ventas, el resto, no).
5. Ante esta difícil situación de partida, el escritor debe defender sus derechos, pero para ello se necesitan unas asociaciones fuertes de escritores que trabajen por este colectivo, por ejemplo:
6. Presionar a la industria del libro: se podría negociar para que se alcance un mayor porcentaje en los contratos (como se ha dicho el 25%, parece lógico que si hay cuatro intermediarios: escritor, editor, distribuidor y librería, cada uno se lleve un 25%, si como digo antes los editores, distribuidores y libreros necesitan vender muchos libros, parece lógico que se lleven el 25% de cada libro que vendan), sin embargo ese 25% es difícil de alcanzar con el exceso de oferta de escritores que existe, que presiona a bajar los precios del escritor.
Los agricultores muchas veces están dispuestos a tirar a la basura su producción para no inundar el mercado y evitar un exceso de oferta que baje los precios de sus productos, ¿estarían los escritores dispuestos a no entregar ningún manuscrito a las editoriales como forma de presión para que les pagasen el 25%? No lo sé, todo es ponerse.
7. Presionar a la administración: para que las subvenciones que se dan a la industria del libro realmente tengan un impacto en los agentes implicados en la industria del libro, para que se concedan programas de becas que inciten a la creación (igual que existen en muchas otras actividades). Para que no se participe gratuitamente en actividades y se puedan fijar, por ejemplo, unos precios mínimos (una especie de código deontológico que firmaran los escritores para participar en tal o tal evento), etc.
8. Ofrecer valor añadido: el escritor debería, si quiere alcanzar mayores cuotas de mercado, y por tanto más ingresos, ofrecer un valor añadido al hecho de escribir, implicarse en programas paralelos de promoción (que puede verse reflejado en múltiples actividades, desde los típicos bolos a las que sean capaces de inventarse), algo que podría ser impulsado también desde una asociación fuerte.
9. Concienciar a los escritores: es otra de las labores de la asociación, concienciar a los escritores de que las actuaciones en grupo son necesarias para la defensa de los intereses individuales (y los escritores somos muy individualistas).
En definitiva, si los escritores quieren hacerse un hueco mayor en el mercado del libro, tendrán que tomar decisiones de mercado, y esas decisiones se toman (o se presiona para que se tomen) desde las asociaciones, como lo hacen las cámaras de comercio, la asociaciones de agricultores, las confederaciones de empresarios, las asociaciones de vecinos, las federaciones del metal, las asociaciones de editores, las coordinadoras de ongs, etc.
Y detrás de una asociación está la capacidad económica de esa asociación, una asociación fuerte nunca se podrá gestionar desde el voluntariado, una asociación fuerte necesita criterios de gestión económica, y por tanto ingresos para llevarlos a cabo. Por eso las cámaras de comercio son más fuertes que las coordinadoras de ongs, porque las cámaras de comercio tienen unos ingresos obligatorios por ley proveniente de todo aquel que genere una actividad económica, y en cambio, las coordinadoras de ongs sólo reciben las aportaciones de unas organizaciones que no cuentan con muchos recursos. (aunque alguna coordinadora de ongs ya ha firmado algún convenio con alguna administración autonómica para recibir ayudas para su funcionamiento).
Ingente y dificilísima labor queda por delante, todo es empezar, que en Canarias exista una asociación con 130 escritores asociados que haya empezado a moverse, ya es un buen comienzo.
Comentario por Plumilla en paro
Time: 6 Julio 2009, 11:55
Todo muy bonito, muy espesos los discursos. Pero yo pregunto: ¿Cuándo hablarán de los “escritores” que están trabajando GRATIS (como algunos de los que aquí firman) para los periódicos canarios que ahora están reduciendo plantilla y botando a periodistas a la calle? ¿Qué pensarían ustedes si yo me pongo a fotocopiar sus libros y a repartirlos GRATIS por la calle? Esto pregunto, sobre esto espero respuesta. Gracias
Comentario por Luis León Barreto
Time: 6 Julio 2009, 16:07
Buen encuentro de opiniones. Gracias Nicolás de nuevo por poner sobre la mesa temas tan importantes en los que consigues un montón de intervenciones, y muchas de escritores que no pertenecen a la ACAE.
Comentario por Plumilla en paro
Time: 6 Julio 2009, 16:12
Buenas tardes, Luis León. ¿No tienes nada que decir a mis preguntas sobre los “escritores” intrusos en las páginas de la prensa canaria? ¿Hubieras publicado Nacaria, El velero Libertad o Las espiritistas de Telde si otros usurpan GRATIS todas las posibilidades? Porque, creo, hasta ha logrado vender los derechos de las espirititas, y yo que me alegro, de veras. ¿Pero por qué hay tanto buitre escondido detrás de las letras? Dime, compañero veterano, tú que has hecho literatura y periodismo. ¿Qué futuro nos espera entre tanto oportunista hipócrita? Danos un consejo a los más jóvenes, por favor. Gracias, señor
Comentario por Nicolás Melini
Time: 6 Julio 2009, 16:56
Lo siento, Paula, sólo te puedo decir que tienes que luchar.
Un beso muy fuerte y ánimo.
Comentario por Plumilla en paro
Time: 6 Julio 2009, 17:32
Y usted Melini, ¿tampoco dice nada de los escritores que regalan su trabajo a los periodicos? Ande, diga algo, hombre, diga que piensa de esos socios ACAE que piratean trabajos… suyo afectísimo
Comentario por Nicolás Melini
Time: 6 Julio 2009, 18:26
Gracias, Pablo, por tu comentario. Ya celebré en su día que participaras en La Mancha (el artículo salió publicado allí el 1 de mayo, y la última parte, La pregunta impertinente, es un refrito de los comentarios del debate suscitado, y en el que participaste). Traías entonces la visión del economista que eres y decías que por tu trabajo estás acostumbrado a ver escritos como el presente y que podría tratarse “del abc de los problemas de los escritores”, un buen punto de partida para abordar esos problemas, que continuamente se elaboran documentos parecidos para abordar todo tipo de problemáticas.
En cuanto a lo que nos comentas aquí, agradecer que intentes arrojar sentido común y una visión pragmática sobre este asunto. En efecto, estoy de acuerdo con que resulta necesaria una asociación fuerte, guiada por criterios económicos (ya que el voluntarismo no es cosa muy sana): soy socio de Dama, asociación que se fundó hace tan sólo unos años por parte de un grupo de guionistas y directores de cine y televisión que estábamos muy descontentos con la administración que la Sgae hacía de nuestros derechos de autor). No es que haya estado muy implicado en esta empresa, pero sí creo ser capaz de percibir que si no fuese porque se han adoptado criterios económicos desde el principio, destinando recursos a la contratación de profesionales para distintas labores, Dama no habría sobrevivido. Por poner un ejemplo, Dama ha tenido que enfrentarse a un pleito de años contra la Sgae para poder recuperar los derechos de quienes queríamos abandonar la entidad y para el simple hecho de poder ver reconocido su derecho a existir, y esto ha sido peleado con las cadenas de televisión, en los despachos con la administración, aparte de la batalla legal. En el caso de la Acae, no me cabe la menor duda de que sería necesario que, más pronto que tarde, contemos con una serie de personas, profesionales, remunerados, trabajando para sacar adelante sus objetivos. Pero también se me ocurre que, en Canarias, contamos con escritores que son abogados, profesores universitarios, políticos, economistas, periodistas, etc., y tal vez, al menos por ahora, podríamos encargar determinados trabajos a personas que, además de ser escritores, dominen las materias que requerimos para abordar la solución de nuestros problemas.
En cuanto a los puntos que planteas, de acuerdo con las conclusiones, y sin embargo me gustaría matizar el planteamiento. Haces una descripción de cómo funciona el mercado. Correcto. Es así cómo funciona, pero no dejemos pasar por alto que los autores están mucho peor ahora que hace 10 años. Es decir, no es lo mismo el mercado hace 10 años, que ahora. A medida que éste se ha desarrollado, ha ido empujando a los autores a una mayor desprotección (y creo que esto debe tenerse en cuenta porque además resulta empobrecedor culturalmente). Editando el doble, este mercado trata cada vez peor a los escritores. Con un volumen de negocio cada vez mayor, los escritores no están mejor, sino cada vez peor. Por eso, permíteme que no me sienta tan solidario con los costes de la actividad económica de libreros, editores, distribuidores, impresores, papeleros, etc. Es que ellos, en estos años, han mejorado mucho, y sin embargo los escritores no. Y en cualquier caso, siempre cabría preguntarse: por qué deberían los escritores sentirse solidarios con quienes sí pueden vivir de los libros, si ellos no pueden. Un agricultor y un escritor son productores muy distintos, no suponen una buena comparativa, y aún así, me pregunto, ¿y si dijéramos al agricultor que se solidarice con los gastos empresariales del transportista o el dueño del supermercado?
Lo triste es que la relación entre libreros y autores no existe, salvo rarísimas excepciones. Es una relación culpable. No podía ser de otro modo tal como están las cosas.
Hablas de la necesidad de presionar a la industria del libro (desde una asociación fuerte), y estoy contigo en que renunciar a publicar, cortar el grifo –esa medida clásica: arrojar la cosecha— no es en absoluto una buena idea. Tengamos en cuenta que quienes nos encontramos escribiendo libros “ahora en este país” constituimos un porcentaje muy pequeño del mercado. En las librerías también hay clásicos y traducciones. Y son las más. Y culturalmente es importante que siga habiendo muchos clásicos y muchas traducciones: nada que objetar con eso. Pero sí debemos puntualizar que el exceso de libros no es debido a nuestra producción, a la producción de los libros de “los escritores vivos en activo aquí”. Esta es una particularidad muy importante de este mercado: dada la situación del mercado del libro, nosotros, “los autores que estamos vivos en activo y escribiendo libros aquí”, cada vez estamos escribiendo menos. Decía Juan Carlos Márquez en el debate suscitado en La Mancha, que los escritores tienen que hacer tantas cosas para salir adelante, que, cada vez más, los mejores libros que escriben son el primero. Haces el gran sacrificio una vez, después es muy difícil, entre bolos, clases, hijos, trabajos, etc., encontrar un momento para volver a hacer el gran sacrificio. Así que tal vez podríamos decir que el funcionamiento del mercado del libro está teniendo una gran responsabilidad en la calidad de la obra de los escritores de hoy, desanimándolos e impidiéndoles desarrollar su trabajo; y esto es malo, culturalmente muy malo, si acaso creemos en la importancia de las humanidades.
Por último, en cuanto a las acciones concretas que los escritores podemos adoptar y promover desde una asociación fuerte, puede que no se encuentre la de presionar a los editores no suministrándoles manuscritos, pero sí se podemos negarnos a participar en eventos gratuitos (yo lo hago: entre ir a un sitio a leer o conferencia gratis, regalar mi tarde y mi escritura, que me lleva años cultivar, a unos gestores culturales un tanto desvergonzados, y quedarme en casa escribiendo, esto último me parece muy productivo y deseable). También creo que sería muy deseable que los escritores cejáramos en la actitud de regalar contenidos a todo tipo de empresas (radios, periódicos digitales, prensa escrita, revistas). En Canarias se da la sangrante situación de que importantes empresas de comunicación obtienen gratis ingentes cantidades de contenidos para sus suplementos culturales, sus páginas de opinión, etc., al mismo tiempo que echan a periodistas que se encontraban contratados. Está sucediendo hoy mismo. Tal vez deberíamos ser más solidarios, en este caso, con los periodistas, pero también más justos con nuestro trabajo. Del mismo modo que ejercemos cierta presión sobre los autores que se auto editan, tal vez deberíamos de ejercerla sobre los escritores que se regalan.
Un abrazo y gracias, Pablo.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 7 Julio 2009, 10:58
Querido Plumilla, como ves, he dicho algo acerca del tema, y antes incluso de que tu comentario apareciera. Tu comentario ha aparecido, misteriosamente, hoy, y, sin embargo, el mío que aparece después lo escribí ayer. Casualidades de la vida.
Si eres un plumilla en paro, espero que te sientas identificado con lo que digo al final de mi anterior comentario:
“También creo que sería muy deseable que los escritores cejáramos en la actitud de regalar contenidos a todo tipo de empresas (radios, periódicos digitales, prensa escrita, revistas). En Canarias se da la sangrante situación de que importantes empresas de comunicación obtienen gratis ingentes cantidades de contenidos para sus suplementos culturales, sus páginas de opinión, etc., al mismo tiempo que echan a periodistas que se encontraban contratados. Está sucediendo hoy mismo. Tal vez deberíamos ser más solidarios, en este caso, con los periodistas, pero también más justos con nuestro trabajo. Del mismo modo que ejercemos cierta presión sobre los autores que se auto editan, tal vez deberíamos de ejercerla sobre los escritores que se regalan”.
En cualquier caso, añadiré algo que me parece importante. Me acuerdo ahora de una buena amiga que iba a dar charlas sobre inmigración a delegados de CC.OO. en lugares como Ejido, y se encontraba con que estos, los mismos repreentantes de CC.OO. en la zona, eran reaccionarios y acusaban a los inmigrantes de quitarles el trabajo, que los empresarios los empleban porque son más baratos y ellos, españoles, no podían o no estaban dispuestos a trabajar por tan poco, etc. etc. (ya te podrás imaginar su discurso). Entonces ella se veía obligada a recordarles lo que es de cajón. La pregunta es obvia: ¿Quién se beneficia de esa situación? ¿El inmigrante? No. ¿Quién es el responsable? ¿El inmigrante? No. El responsable y el que se beneficia es el empresario.
¿Y en los medios de comunicación de Canarias?: ¿Quién se beneficia de esa situación? ¿Los escritores? No. ¿Quién es el responsable? ¿Los escritores? No. El responsable y el que se beneficia es el empresario de los medios de comunicación.
Consejo: no apuntes a los escritores. Apunta a los empresarios.
Un abrazo, plumilla.
Comentario por Luis León Barreto
Time: 7 Julio 2009, 17:31
Amigo Plumilla en paro: comparto tu razonamiento de pe a pa. El futuro no es fácil, por supuesto, yo gocé tiempos mejores en los que los jóvenes periodistas obtenían trabajo con facilidad y eran valorados por sus empresas, incluso podían aspirar a vivir dignamente, y hasta lo conseguían. Todos somos damnificados por esta nueva situación, el mercado salvaje tras los pelotazos. No hace mucho que las empresas se forraban con aquellos enormes suplementos dominicales en que las constructoras anunciaban miles de pisos y chalets. Ahora se nos hace culpables de que las cosas hayan variado. Y algunos resistimos porque tenemos otros ingresos al margen de esas empresas, de lo contrario estaríamos apañados. ¿Qué te puedo decir que tú no sepas? Como dice Melini, larga es la lucha y conviene no bajar la guardia. Los escritores, como casi siempre, somos muy prescindibles. Prescindibles ante los editores, los distribuidores, los libreros, los colegas que controlan la información cultural, los suplementos, etc. Pero si no hay escritores no hay pensamiento. Y esta tierra, como todas las tierras, necesita análisis, interpretación, distancia crítica, pensamiento. Cuando te llaman de una radio o te piden una opinión sobre cualquier cosa te da la impresión de que eres la putilla de servicio a la que nadie paga los favores. ¿Qué se puede hacer? La independencia tiene un alto precio, sobre eso te puedo hablar un rato. Pero no queda otro remedio que insistir, perseverar. Como dice Melini, encerrarse delante del ordenador oyendo a Mozart, sin cesar de interpretar el mundo que te rodea. Y leer, leer a los grandes, que eso siempre enseña. Y escribir, aunque los lectores se vayan reduciendo. Disculpa: no puedo decirte otra cosa.
Comentario por Pablo Martín Carbajal
Time: 7 Julio 2009, 23:21
gracias por tu respuesta Nicolás, estoy en perfecto acuerdo contigo en lo que dices sobre DAMA, así es como tiene que funcionar una asociación. En lo que respecta a los editores, distribuidores y libreros, creo que no estaba planteando una solidaridad con sus costes, simplemente estaba comentando cual es la realidad de sus costes: efectivamente el escritor debería luchar por un porcentaje mayor de las ventas, y eso sólo lo puede hacer reduciendo el margen de los otros componentes de la cadena de valor.
Tambien estoy de acuerdo con lo que dice JC Marquez, es muy difícil escribir teniendo otro trabajo adicional, para mi resulta imposible, y también estoy pensando en hacer el gran sacrificio…
Respecto al último párrafo que comentas, no puedo estar más de acuerdo contigo (y también con Luis y con Plumilla), últimamente hablo con un amigo escritor al que están invitando a dar charlas por la península, y siempre le pregunto ¿cuánto te pagan? y su respuesta es siempre la misma: sólo billete y estancia…. ¿cómo es posible?, pero aún así le interesa porque es una satisfacción, se da a conocer, etc. (yo también lo he hecho, claro), sin embargo esto va en detrimento de las posibilidades de vivir de la escritura. Pero lo cierto es que es la realidad, el escritor debe ser uno de los únicos profesionales que ofrece su trabajo gratuitamente, ¿por qué?, (igual la respuesta es porque no es profesional, porque no puede vivir de esa profesión).
Por eso comentaba la idea de un código deontológico del escritor, me parece una idea interesante, que habría que defender a capa y espada y que sin embargo es facilísimo que se venga abajo por la existencia de “piquetes”… pero no estaría mal defender un código deontológico, que deberían respetar no sólo los escritores, sino también todos aquellos que aceptan sus contenidos gratis. Y que al final se conviertiera hasta en un remordimiento moral: entrego material gratis, participo en una actividad gratis o acepto material gratis, organizo una actividad y no pago, y que diera remordiminetos por hacerlo, como a quien le da remordimiento por conducir con unas copas, o por engañar a su pareja, qué se yo…, que el que lo vaya a hacer piense: contra, no debería… (seguro que los ejemplos no son buenos, pero se me entiende…). No sé, igual soy un poco utópico, pero tal vez se podría consensuar ese código y hacer campaña, enviar a los medios, a las instituciones que organizan eventos, y dar la paliza con este asunto constante. Bueno, es sólo una idea en este brain storming.
Comentario por alucinada
Time: 9 Julio 2009, 0:53
Me gusta la idea del código deontológico que lanza el señor Martín Carbajal, aunque ya puestos también se debería incluir “no trabajarás como director general para los negocios africanos (aunque te paguen mucho dinero) de un gobierno hipócrita que propaga la xenofobia y el racismo con aquellos seres humanos que ahora vienen a tocar a nuestra puerta”. Aunque sólo sea por coherencia literaria, digo yo. ¿O no?
Comentario por Nicolás Melini
Time: 9 Julio 2009, 13:24
Alucinada, tal vez no debiera meterme en este asunto, pero tengo para mí que no deberiamos mezclar cosas tan diferentes. Podríamos acabar en una demagogia muy poco constructiva.
A mí la aportación que ha hecho Pablo Martín Carbajal en este debate me parece muy estimable, y lo del código deontológico me suena francamente bien.
Mi mujer es senegalesa, tengo un cuñado que ha llegado a Canarias en patera, y condeno sin contemplaciones muchos de los discursos xenófobos y racistas que he tenido el disgusto de apreciar en gobiernos canarios anteriores y presentes, pero no me parecería justo juzgar aquí a Pablo Martín Carbajal por su condición de Director General.
Estamos en otra cosa.
un beso y gracias por el comentario
Comentario por Pablo Martín Carbajal
Time: 9 Julio 2009, 16:42
Leo el comentario de alucinada y me da pena que no se sepa distinguir los foros en los que estamos hablando.
Comentario por Nicolás Melini
Time: 12 Julio 2009, 10:53
Creo que hay sobre la mesa dos propuestas claras a desarrollar:
1) Una suerte de libro blanco que estudie la situación de los escritores.
2) la redacción y difusión de un código deontológico
Saludos
Comentario por Luis León Barreto
Time: 12 Julio 2009, 21:31
Me parece que este blog ha tenido desde el principio un tono bastante serio y ponderado, y no es de recibo lanzar ataques personales amparándose en un seudónimo cualquiera. Es un gesto más bien cobarde.
Comentario por Moisés Morán Vega
Time: 29 Julio 2009, 8:49
Soy un escritor novel y tu artículo me ha parecido muy clarificador en muchos aspectos, sobre todo en lo que respecta a los editores y a sus beneficios. Estoy básicamente de acuerdo con todo lo que planteas en tu reflexión, pero creo que (y sé que no es la cuestión fundamental que planteas) las subvenciones, si las hubieran, deberían de ir a generar recursos culturales para que el que quiera, tenga ganas y tiempo pueda acceder a los diferentes talleres culturales de las distintas disciplinas, en la que se encontraría por su puesto, la escritura. Lo que está claro, es que el escritor es el último mono, cuando tendría que ser el primero, porque somos nosotros los que creadores, los “Dioses” de este divino invento que es la creación literaria. Pero, o mucho cambian las cosas, o seguiremos bajo el yugo de los editores, distribuidores y libreros. Para terminar, esta situación pueda dar un giro radical en pocos años con la incursión de la impresión digital y la utilización masiva de los lectores digitales, el planteamiento de las editoriales respecto a los escritores tendrá que cambiar. Les recomiendo este reportaje que se emitió en TVE sobre el futuro del libro (quizás sea otro debate):
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090726/informe-semanal-don-quijote-digital/551069.shtml
Saludos
Comentario por Nicolás Melini
Time: 4 Agosto 2009, 13:34
Gracias, Moisés, miraré el documental. Sí creo que es otro debate, pero, en cuanto a lo que nos atañe, tal vez se trate de qué aceptamos cuando el editor electrónico quiera nuestra obra, y qué no aceptar bajo ningún concepto.
Un último comentario:
Hablando ayer con una buena amiga editora, otra más de los amigos editores con los que he hablado últimamente sobre estos temas (y no se trata de una editora cualquiera, pues la suya es una editorial que ha obtenido premios de edición internacionales que no ha conseguido ninguna otra editorial de este país), me comenta que, en efecto, entre las buenas prácticas editoriales se encuentra la de pagar al escritor en el acto de publicarle: “Si pago al impresor porqué hacer esperar al escritor, cuando además lo del escritor es mucho menos”. Así, lo que se recomienda como buena práctica editorial es que si el editor hace una tirada de 1000 ejemplares, no se espere a liquidar en función de las ventas, ya que esos 1000 ejemplares ya existen, se han impreso, sino que se liquiden en el momento, por el mero hecho de haberse impreso. El autor ya ha hecho su trabajo y ha invertido por ello. Es responsabilidad del editor si tira más o menos ejemplares y estos se venden o no se venden. En cualquier caso, la mercancía (y parte fundamental de esta es el contenido) ya la tiene y puede comerciar, que es su trabajo, con ella.
Claro que para esto es fundamental que haya una transparencia con el número de ejemplares que se tira. Y esto no está siendo tan sencillo. Me advierten de que muchas editoriales españolas están imprimiendo fuera de España, en lugares remotos. Si los autores ya tenían difícil saber cuántos ejemplares se tiraba de su libro, y si se hacían o no nuevas tiradas, etc., así es todavía más difícil, ya que ni siquiera hay un registro español que lo atestigüe.
Comentario por Ernesto Delgado Baudet
Time: 5 Octubre 2009, 14:10
Tan acerado como cçaustico y acertado. Todo se vende este dçia, todo el dinero lo iguala, la corte vende su gala, la guerra su valentçia…Sçi Nicolças… puerta de Elvira en Granada y en Sevilla Dña Elvira. Un abrazo
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